Así como sus compañeros, sus amigos, dicen que juegan por él, que quieren ganar por él, yo tengo la hipótesis de que Messi quiere ganar por todos nosotros. Que la de Qatar era para él, para mirar a su gente y decirle que ya está. Pero esta entrega, esos minutos finales en los que sale al rescate del equipo, es para los otros.
Esta selección es la calle y son las plazas, las ganas de jugar todo el tiempo y poder hacer sin que se necesite tener plata. Es la selección de Argentina, un país con un poder social que le permite darle pelea y ganarle a otros con economías muy superiores, aunque sea simbólicamente, aunque sea en el fútbol, y eso es lo que no entienden algunos progresistas del norte.
Lo que no ven, o no quieren ver, es que la selección argentina está construida desde abajo, desde los lazos que se generan en pueblos que ni siquiera pueden imaginar, con formadores que seguramente trabajaron sin cobrar, por amor, por el disfrute de ver jugar un baby cualquier fin de semana y ver crecer a sus jugadores. ¿O por qué creen que hubo cinco técnicos argentinos en esta Copa del Mundo? Esta selección se construyó con los clubes que no cobran cuotas a quienes no pueden pagarlo porque tienen vecinos y vecinas que pintan una pared, que organizan una choriceada, una rifa, y juntan plata para comprarle unos botines al que no puede. Fue el sentido colectivo los que no dio a equipos como este, no el individualismo, no el sálvese quien pueda. Esa es la selección argentina, ese es Messi.
Desde Nueva York para @tiempoarg