No conozco una sola persona que me haya querido joder y, tarde o temprano, no le haya llegado el karma. Es cuestión de sentarme a esperar y mirar como caen de a uno.
Tengo la teoría de que el romance está desvaneciéndose porque también la gente ya no lee como antes, ya no se escribe como antes. Hemos perdido la magia de las palabras, el entender al mundo a través de metáforas, nombrar sin darle sentido. Nos hace falta vulnerarnos.