no me ‘gusta’ algo o alguien porque sí. Me tiene que tocar mis rasgos más obsesivos, mi atención más contemplativa, mi intensidad más expansiva, mi lado caótico inclusive. No soy de sentir gustos pasajeros y ligeros: ‘eso’ tiene que tocar mis fibras más vulnerables y sensibles.
no sé sentir a una persona significativa si no es desde la admiración, desde esa sensación que me inclina a pensar que hay algo de su realidad que me conmueve y moviliza.
lo más importante en esta época rancia es estar rodeado de gente que te ame y te cuide y que te proponga cosas conmovedoras para cultivar la ternura y así no convertirte en un hijo de re mil puta
Freud decía que no repetimos elecciones porque nos guste sufrir, la repetición existe porque el inconsciente intenta, desesperadamente, crear un final diferente para la misma historia.
Maddy es un personaje que no debería pasar desapercibido.
Es la chica que siempre tiene el control, pero en realidad su personaje está construido sobre una coraza. No es de extrañar que su trabajo, paradójicamente, sea estar en entornos de poder y estatus donde encontrar eso.
Lo interesante de ella es que, a diferencia de Cassie, no suplica amor desde la fragilidad visible, sino desde la dureza. Pero también necesita ser elegida, admirada y validada. Solo que su estrategia es otra: en vez de adaptarse para gustar, intenta dominar la escena para no sentirse pequeña.