A veces quieres ver a alguien y ya no puedes.
Porque no está.
Y te gustaría hacer cientos de kilómetros en su búsqueda.
Harías lo que fuera.
Pero ya no hay nada que hacer.
Así que deja de decir que hay que verse.
Y queda.
Y celebra la existencia.
De una vez.
Entre semana no me entra sueño y tengo energía hasta las 6:30 de la mañana pero cuando llega el finde estoy totalmente roto a las 22:00 de la noche y me quedo dormido sentado en una silla, de verdad que yo no sé qué he hecho para merecer esta maldición el mundo está contra mi.
Vuelven los pantalones de campana, los pantalones de tiro bajo, las riñoneras, los pines, los parches, las chapas, las medias de cristal...
Marie Kondo, lo siento, pero yo no tiro nada.