Estos influencers no son monstruos de película. No se frotan las manos pensando en que van a hacer algo malvado. Son más bien personas sin capacidad o voluntad de reflexión. Por eso mismo, todo lo que dicen es un cliché (“fui a encontrarme con Dios”, etc.).
La embajada de Israel escogió a los más estúpidos e irreflexivos, porque ellos sí que se prestarían para un acto malvado como el de blanquear a Israel. Solo ellos lo harían sin pensar en lo que hacen.
En Israel entendieron la banalidad del mal de Hannah Arendt, pero la usan como arma, no como crítica.