imagínate que me rompiste el corazón cuando yo le pedía con fuerzas a dios que solucionara pronto tus problemas y te diera paz y eventualmente pudiéramos estar juntos otra vez
Si algún día hablas de mí, que jamás sea diciendo que pedí demasiado. Di, mejor, que me quedé apostando el corazón cuando el mundo entero te daba la espalda; que permanecí donde otros habrían partido. Nunca pedí más que amor, lealtad y respeto. Y eso, jamás fue demasiado.
Si alguien me preguntara cómo quiero ser amada, probablemente hablaría de flores y palabras bonitas. Pero al final, deseo un amor que permanezca. Donde no tenga que analizar silencios, ni pedir pruebas para sentirme querida. Un amor que no convierta la tranquilidad en ansiedad.
Qué atractivo es cuando alguien sabe comunicarse bien. No desaparece, te cuenta lo que hace, se disculpa si tarda en responder y no te deja adivinando nada. Eso que es tan básico, es lo que enamora y no cuesta nada.
Alejandra Pizarnik escribió: «Estuve pensando que nadie me piensa. Que estoy absolutamente sola. Que nadie, nadie siente mi rostro dentro de sí ni mi nombre correr por su sangre. Nadie actúa invocándome, nadie construye su vida incluyéndome»; intuyo que lo pensó un domingo.
Me perderé en mi mundo, y de la forma más egoísta que existe no quiero que más nadie sepa lo que es abrazarme, sentir mi aroma, tomar mi mano o conocer mi lado vulnerable.
Nadie habla sobre este pequeño gesto de amor en una relación: quedarse presente cuando el otro está mal, sin intentar arreglarlo todo.
A veces amar es simplemente no irse.
Siempre quise ser mamá. Desde pequeñita soñé con enamorarme de alguien único, con casarme con él, que fuese el amor de mi vida, que él quisiese ser papá, con formar una familia y envejecer juntos viendo a nuestros nietos crecer. Hoy veo cada día ese sueño más lejos.
Acabo de enterarme de la teoría de "nunca me rompí un hueso"
Básicamente, dice que si nunca te has roto un hueso, no estabas destinado a sufrir físicamente en la vida, sino que estabas destinado a sufrir más emocional, mental y espiritualmente.
Adivinen quién nunca se ha roto un hueso.