El es Choco.. Después de 8 años su exdueño dijo “dejo de ser familia para converstirse en una carga” queria que se le aplicara eutanasia pues trae un poco de diarrea y malestar en general.. el veterinario nos dice que no cumple con el criterio para hacerlo.. se lo informó al Sr y dijo lo dejaria en la calle.. asi que aqui estamos pidiendo apoyo para hacerle algunos analisis .. todos merecemos una segunda oportunidad.. cualquier cantidad ayuda muchisimo 🙏
Ha comenzado a correr este pronunciamiento en solidaridad con María Amparo Casar y en contra de la persecución arbitraria de que se le quiere hacer víctima.
Se agradece su RT.
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Vamos #CFE el.calor esta criminal aqui en #Tabasco, 17 horas y contando, no hay modo que puedan atendernos, de que se trata!! Ayuda Paseo Tabasco y parte de Arista Municipal @rociojimenez15@AhoraTabasco
Lo devolvieron porque no sabía mirar a los ojos. Esa fue la excusa de la tercera familia que trajo a "Beto" de vuelta al refugio. Era un Border Collie joven, de un blanco puro con manchas negras, pero tenía una particularidad: sus ojos eran de un azul tan pálido que parecían canicas de cristal.
Beto era sordo de nacimiento.
En el refugio, el caos era su peor enemigo. Los ladridos que él no escuchaba se convertían en vibraciones que lo ponían nervioso. La gente se le acercaba por detrás para acariciarlo y él, al no oírlos, saltaba del susto. "Es un perro inestable", decían los posibles adoptantes. "Es demasiado difícil comunicarse con él".
Beto pasaba los días pegado a la pared de su canil, sintiendo las vibraciones de los pasos en el cemento. Había aprendido a leer las sombras. Si una sombra se proyectaba desde la izquierda, él se encogía. Si la sombra era rápida, él se escondía. Vivía en un mundo de silencio absoluto, una película muda donde él siempre era el villano por accidente.
Hasta que una mañana apareció Mateo.
Mateo no llamó a Beto por su nombre. No silbó ni aplaudió para llamar su atención como hacían todos. Mateo se quedó de pie, totalmente quieto, hasta que Beto, por curiosidad, levantó la vista. Entonces, Mateo hizo algo que nadie había hecho antes: extendió las manos y empezó a mover los dedos rítmicamente. Estaba hablando en lengua de señas.
—Él no te escucha, joven —le advirtió un voluntario. —Lo sé —respondió Mateo sin dejar de mirar al perro—. Pero él puede verme. Y yo sé lo que es que el mundo hable un idioma que tú no entiendes.
Mateo también era sordo.
Lo que sucedió después fue como ver una coreografía perfecta que nadie más podía oír. Mateo entró al canil. Se arrodilló. Beto, que siempre huía del contacto repentino, se quedó paralizado, observando las manos de aquel hombre. Mateo hizo la seña de "amigo" (uniendo ambos índices). Luego, puso su mano en el suelo, palma arriba, invitándolo.
Beto no saltó, no ladró, ni se asustó. Caminó despacio y puso su barbilla justo en el centro de la palma de Mateo. En ese silencio compartido, se dijeron más cosas que en todas las palabras gritadas durante años.
Llevárselo a casa fue el inicio de una nueva vida. Mateo no usaba collares de castigo ni gritos. Usaba luces y señas. Instaló un timbre con luz en la casa; cuando alguien tocaba la puerta, una lámpara parpadeaba y Beto, al ver la luz, corría hacia la entrada para avisar a Mateo. Se convirtieron en un equipo de rescate mutuo.
Beto aprendió a sentarse con un gesto de la mano, a acudir con un destello de linterna y a "hablar" apoyando su pata en el pecho de Mateo cuando necesitaba algo. Ya no era el perro "defectuoso". Era el perro más atento del mundo, porque al no tener oído, había desarrollado una capacidad asombrosa para leer cada microgesto de la cara de su dueño.
Un día, en el parque, una mujer se acercó con su perro y trató de llamar a Beto. Al ver que el perro no reaccionaba, le dijo a Mateo: —Pobre animal, debe ser muy triste vivir en silencio, ¿verdad?
Mateo sonrió, sacó su libreta y escribió: "El silencio no es triste. Lo triste es tener oídos y no saber escuchar el corazón de los que no tienen voz. Él no oye mis palabras, pero siente mi alma cada vez que lo miro. Y eso es más que suficiente".
La historia de Beto se volvió viral bajo el título: "El lenguaje que no necesita sonido". Hoy, Beto y Mateo dan charlas en escuelas para niños con discapacidad. Cuando entran al salón, el silencio se llena de una energía mágica. Beto camina entre las filas de pupitres, dejando que los niños toquen su pelaje de nieve, demostrando que la perfección no es un estándar físico, sino la capacidad de conectar con otro ser a pesar de las barreras.
Porque al final del día, el amor verdadero no necesita volumen. Solo necesita a alguien que esté dispuesto a aprender un nuevo idioma para decir: "Aquí estoy, y nunca más estarás solo".