Qué fácil decir que hay un “retroceso absoluto” en temas de mujeres y de arte cuando el diagnostico es puro sentimiento, cero datos.
Sobre el arte: la misma persona que anuncia tres fechas en el Movistar Arena habla de retroceso cultural. El arte no se mide por cuánta plata pública se reparte entre amigos. Se mide por si la gente es capaz de asignarle algún valor material o inmaterial a tu trabajo. Y en su caso, lo está haciendo. El arte no es pose ni discurso; es si alguien lo valora de verdad.
Sobre “temas de mujeres”: se acabó el gobierno que se vendió como el más feminista de la historia y terminó con un ministro acusado de violación y un presidente con denuncia de acoso laboral. Eso era avance? Ahora que ese relato perdió poder, de pronto hay “retroceso”. Qué coincidencia.
Habla de que “se farrearon grandes oportunidades”. Sí. Se farrearon dos procesos constituyentes y la credibilidad de una generación. La pena ahora les parece más elegante que la rabia, porque la rabia obliga a mirar lo que hicieron mal.
Evolucionar es también aceptar que una parte del país se cansó del uso político del arte y del género. No es retroceso. Es rechazo.
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What's happening outside the Lindsay Clancy case is setting women's rights back 200 years.
This is doing nothing more than proving that women aren't capable of controlling their emotions and making reasonable choices during times of stress and anxiety.
Great job, you dumb bishes.
Dos tragedias. Dos reacciones que no se parecen en nada 💔❤️🩹
Lindsay Clancy estranguló a sus tres hijos y después intentó suicidarse. Sobrevivió. Una de las primeras cosas que preguntó, todavía en el hospital, fue si necesitaba un abogado.
Eso encendió a mucha gente. Después de lo que pasó, lo primero que se le ocurrió fue cubrirse legalmente. Aun así, hubo mujeres que la defendieron en redes, algunas dijeron que ellas también habían tenido pensamientos oscuros, y hasta se juntó plata para su defensa. Los tres niños, de pronto, pasaron a segundo plano.
Ahora mira el otro lado: Emma Schols.
Se le incendió la casa. No salió corriendo. Entró otra vez al fuego a sacar a sus seis hijos. Quedó con quemaduras en el 93% del cuerpo y semanas conectada a un respirador.
Cuando despertó, no preguntó cómo estaba ella. Preguntó si sus hijos seguían vivos.
Una, después de matar a los suyos, pensó en un abogado.
La otra estuvo dispuesta a morirse con tal de sacarlos a todos.
Ahí está la diferencia, sin tanto discurso.
Así hay hablarle a los zurdos, a los progres, socialistas, a los emocionalmente delicados y a la gente estúpida en general. Hay que decirles que son estúpidos y que vayan al psiquiatra. Sin complejos 🙌👏👏
-María Fernanda Cabal-
@Carolina_Toha cuando fue ministra del Interior vetó proyecto que sancionaba ocupaciones ilegales. Y hoy aparece dando cátedra en seguridad la muy cara dura.
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Nicklas Nilsson förklarar skillnaden mellan höger och vänstermänniskor i klockren text på Facebook:
"Om en högerpolitisk person är bög, så är han det, och bryr sig inte om vad andra tycker.
Om en vänster är bög, så kräver han lagändringar, protesterar mot allt och alla, och gör det till en politisk kamp.
Om en höger är vegan, så äter han helt enkelt inte kött.
Om en vänster är vegan, så vill han förbjuda kött, stoppa matproduktionen och protestera utanför bondgårdar och hönsfarmer.
Om en höger inte gillar vapen, så köper han inga.
Om en vänster inte gillar vapen, så försöker han förbjuda dem, hindra alla andra från att äga ett, och hatar dem som har.
Om en höger oroar sig för klimatet, så flyger han mindre, kör elbil om det passar honom och sorterar sitt avfall.
Om en vänster oroar sig för klimatet, så vill han förbjuda fossilbilar, flygresor och kött för alla andra, protestera utanför fabriker och kräva att staten tvingar fram förändringen.
Om en höger vill ge sina barn en bra skolgång, så flyttar han till ett område med bra skolor, eller väljer en privatskola eller engagerar sig själv.
Om en vänster vill ge sina barn en bra skolgång, så kräver han mer skattepengar från alla, lika resultat för alla, förbud mot friskolor och protesterar mot varje skillnad.
Om en höger klagar på sitt jobb eller arbetsplats.. det gör han det inte. Han byter jobb eller startar ett eget företag.
Om en vänster klagar på sitt jobb – så är det chefen, företaget eller kollegorna det är fel på. Han kräver kollektivavtal, strejk, förändringar för hela orten och protesterar mot företaget så att det ska passa honom.
Om en höger är missnöjd med sin bostad eller hyra, så flyttar han, renoverar eller köper något annat.
Om en vänster är missnöjd med sin bostad eller hyra, så kräver han hyresstopp, mer bidrag, regleringar för alla och protesterar mot hyresvärdar och politiker.
Om en höger misslyckas med en affär eller en investering som går snett, så reser han sig upp, dammar av sig och försöker igen imorgon.
Om en vänster har slut på pengar den 24:e, så skyller han på att de rika har för mycket och måste bidra mer, skyller på att lotterivinsten inte gick hem förra veckan och muttrar att han har så himla otur.
Om en höger ser det här – så skickar han det till några kompisar för ett gott skratt.
Om en vänster ser det här – så försöker han argumentera emot, få det bortplockat och radera mig från Facebook."
EL DÍA QUE EL ESTADO LLORÓ CON UNA MANO Y OFENDIO CON LA OTRA.
ing. Jorge Sepúlveda Haugen
El sábado 18 de julio, Chile hizo tres cosas al mismo tiempo. Confirmó la muerte del cabo primero Marcos Cosme, baleado en el rostro mientras cumplía una orden judicial.
Decretó tres días de duelo nacional. Y envió a una jefatura del Instituto Nacional de Derechos Humanos al Hospital Base de Valdivia a verificar el estado de salud del hombre imputado por dispararle.
Las tres cosas las hizo el mismo Estado. Con la misma bandera. Con los mismos impuestos.
Que nadie se apure a la trampa fácil: la visita era legal. El INDH visitó también al carabinero herido. Cumplió su padrón, su protocolo, su mandato. Y ahí, exactamente ahí, está el problema. Porque lo que quedó demostrado ese sábado no es que el instituto viole la ley.
Es algo peor: que puede cumplirla íntegramente y aun así ser incapaz de percibir que estaba certificando el bienestar del presunto homicida en la hora exacta en que su víctima entraba al panteón de los mártires.
Un organismo cuya única moneda es el juicio, decidir cuándo actuar, contra quién, con qué énfasis, exhibió que no tiene juicio. Tiene procedimiento. Y el procedimiento no distingue un trámite de una profanación.
Miremos la serie completa, porque un hecho aislado no condena y una serie sí. El detenido está imputado por el crimen del cabo Eugenio Naín, asesinado en 2020. El mismo Naín cuyo nombre lleva la ley que protege a los carabineros cuando usan su arma de servicio.
Esa ley, el Consejo del INDH la objetó públicamente. Los carabineros que fueron a capturar al prófugo de ese crimen cayeron baleados; uno de ellos murió. Y el instituto que se opuso a la ley que los protegía acudió a tomarle el pulso al que disparó.
Cada eslabón es defendible por separado. Encadenados, dibujan una dirección. Y la dirección tiene testigos internos: fue el propio director Sergio Micco, no un adversario, su director, quien admitió en 2020 que dentro del instituto "evidentemente hay un sesgo".
La planta funcionaria respondió movilizándose contra él hasta empujarlo a la salida.
Cuando los funcionarios pueden expulsar a la autoridad que modera, la institución dejó de tener dueño. Tiene línea.
En dieciséis años, el INDH presentó miles de querellas contra agentes del Estado. Ni una por el cabo Cosme, ni por Naín, ni por los tres carabineros quemados en Cañete.
No puede: su ley se lo impide. Se dirá que ese es el estándar internacional, que los derechos humanos son obligaciones del Estado. Correcto en 2010.
Pero el Chile de 2026 no es el de 2010: hoy la principal máquina de triturar derechos no viste uniforme, viste crimen organizado, y el instituto quedó calibrado para un país que ya no existe.
Un termómetro que solo mide fiebre en un cuerpo que se está desangrando no es neutral.
Es ciego por diseño. Y la ceguera de diseño no se reforma con gobernanza: se reemplaza.
Que la Fiscalía persiga de oficio la violencia estatal, como es su deber.
Que la víctima de abuso policial tenga abogado gratuito, de verdad, en la Defensoría de Víctimas que llevan quince años prometiendo.
Que el monitoreo de cárceles lo asuma un órgano sin línea política. Ninguna función queda huérfana. Solo queda huérfano el aparato.
El sábado, mientras una familia recibía un ataúd, un organismo del Estado informaba a la prensa que el imputado no podía hablar por una inflamación en la laringe.
El cabo Cosme tampoco podia hablar. La diferencia es que él ya no esta.
Un país que financia con el sueldo de sus muertos la certificación médica de sus verdugos no tiene un problema de protocolos. Tiene un problema de vergüenza. Y la vergüenza no se reforma. Se clausura.