Es bonito, ¿verdad? Cuando no hay planes rimbombantes ni excusas, solo ganas. Ganas de ti. De compartir lo simple, de hacerte parte del día, del café, de la risa tonta, del bostezo a medias. De saber que, aunque no pase nada extraordinario, estás ahí. Y eso ya lo convierte en especial.
Sientes un cierto alivio cuando dejas de intentar entender a todo el mundo. No porque te vuelvas distante y frío, sino porque aceptas que no todo es explicable, negociable o reparable. Algunas cosas son como son. Y hay quien es imposible de entender.
Habla con Dios, pidele calma en tus pensamientos, fuerza para los días difíciles y claridad para lo que no entiendes. Confía que la respuesta siempre llega a tiempo.
alguien dijo: "dejá de recordarme lo fuerte que soy cuando vengo a vos en busca de un espacio seguro para ser débil". Y esta es mi nueva frase favorita.