homens sao tipo eu faria TUDO por vc menos me comprometer com um processo terapêutico q me ensine a lidar com meus próprios sentimentos pra q vc nao precise se sobrecarregar e cobrar o mínimo dentro de um relacionamento
If women don’t lower their standards soon, they’ll die alone in their clean homes, with their regulated nervous systems, balanced PH, clean toilets, friends that support them, & a peace like no other. They better chill..
No se puede pregonar el cristianismo, hablar de Dios y defender la vida mientras se encuentra motivo de orgullo o celebración frente a una fila de cadáveres. La fe cristiana no enseña a regocijarse en la muerte del enemigo, sino a reconocer la dignidad humana incluso en el adversario. El Estado puede y debe combatir el crimen, pero convertir a los muertos en trofeos y su muerte en propaganda no es una expresión de fuerza: es una renuncia a la humanidad que cualquier sociedad, y mucho más un creyente, debería defender.
No, queridos zucaritos, el problema no es que den de baja a terroristas, bandidos y delincuentes; el problema es que los Provida presuman los cadáveres en bolsas, violando los protocolos de derechos humanos… Pero que se puede esperar de los antiderechos y básicos de derecha.
Esa exhibición que hace el metro y medio en medio de unos cadáveres no muestra a un jefe de Estado. Muestra a un capo regodeándose frente a sus enemigos muertos. Esa no es la actitud de un jefe de Estado; esa es la actitud de alguien que necesita exhibir los cadáveres para demostrar poder.
Eligieron a un capo como presidente. Para que se vayan dando cuenta.
Hay quienes creen que indignarse porque exhiban cadáveres es “miseria moral”, porque, según ellos, si eran terroristas entonces había que celebrar su muerte y punto. No, señores. Una cosa es no lamentar la muerte de quienes hicieron del terror una forma de vida y otra muy distinta es convertir sus cadáveres en trofeos, pasearlos ante las cámaras y utilizarlos como prueba de una supuesta victoria. La verdadera miseria moral está en la necesidad de exhibir cuerpos humanos para demostrar poder, en el regodeo con la muerte, en esa obscena necesidad de mostrarnos quién quedó tirado en el suelo. Matar en combate puede ser una consecuencia de la guerra,pero convertir a los muertos en espectáculo es una decisión. Y esa decisión también habla de la miseria moral de quien la toma. La derrota moral no está en indignarse frente a semejante exhibicionismo. La derrota moral está en perder hasta el pudor frente a la muerte y creer que un cadáver es un trofeo.
Y el día que no tengan cadáveres que mostrar en los shows, buscarán la forma de hallarlos y después descubriremos que fueron falsos positivos. La historia es asquerosamente cíclica.
Pasamos de tener un presidente que predicaba el respeto a la vida, que denunciaba genocidios ante la ONU y que buscaba salidas pacíficas al conflicto armado, a un presidente que camina orgulloso entre cadáveres, que se ríe públicamente mientras hay colombianos sepultados bajo escombros de un terremoto y que se alía con genocidas para gobernar.
Te lo juro que nunca estuvo tan claro el lado correcto de la historia si no tenés la cabeza totalmente lavada.
La vez anterior que un presidente se regocijó en las bajas dadas por el Ejército, se cometió el peor crimen en la historia de este país. Militares, en 31 de los 32 departamentos, asesinaron jóvenes inocentes para fingir que ganaban la guerra. Fueron más de 7 mil falsos positivos.
Una rueda de prensa entre cadáveres. Los muertos convertidos en escenografía. ¿En qué momento llegamos a esto? TENEBROSO.
El Estado tiene el deber de enfrentar a quienes ejercen la violencia y proteger a los colombianos, pero jamás podemos convertir la muerte en espectáculo ni perder el respeto por la dignidad humana.
Esto no es de izquierda ni de derecha. Es una cuestión elemental de humanidad. La muerte nunca debería ser motivo de celebración ni una escenografía para mostrar resultados. Es macabro.
El que no fue capaz de caminar entre los vivos en El Cairo, Valle, se pabonea con valentía caminando entre los muertos.
Colombianos pobres matados por colombianos pobres y el presidente de esos colombianos pobres paseándose entre los cadáveres con pequeñez.
La guerra tiene códigos y uno de ellos es no burlarse de la muerte del adversario ni humillar el cadáver ya indefenso del enemigo y menos cuando ese adversario ha llegado a esa guerra por culpa de la pobreza y la falta de oportunidades a la que fue empujado por la clase politica a la que pertenece ese presidente.
Una democracia puede usar legítimamente la fuerza para defender a sus ciudadanos y derrotar a quienes empuñan las armas contra la sociedad. Lo que jamás debería hacer es convertir la muerte en espectáculo y que empiece a disfrutar mostrándonos sus cadáveres en una especie de necrotrofeismo.
Esas personas pueden ser criminales, responsables de delitos atroces y enemigos armados del Estado. Pero una vez muertos ya no representan una amenaza. Sus cuerpos no son utilería para un video presidencial ni son escenografía electoral. Si lo fueran no habría diferencia alguna entre el Estado y los violentos que juegan futbol con las cabezas de sus enemigos.
Pedirle que respete un cadáver a una persona llena de odio y sin rastro de humanidad alguna es como pedirle al buitre que haga duelo por la carroña.
Solo asesinos acostumbrados a asesinar pueden pasearse orondos y alegres entre los cadaveres.
Un ser humano debe por principio fundamental respetar el ser humano. Es en su muerte en donde cualquier animadversión debe cesar o sino eres peor que el muerto.
El guerrero no es el que mata y come del muerto como dice el dicho popular, el verdadero guerrero no necesita degradarse y respeta al máximo la vida y su dignidad y la dignidad de la muerte, si no es así, es un simple asesino.