No voy a quedarme esperando a que las oportunidades lleguen solas. Hoy las pienso, las trabajo y las atraigo, porque nada me queda grande. Sé quién soy, sé lo que valgo y tengo claro hacia dónde voy. Para mí, no existe lo imposible.
La peor parte de una ruptura es recordar todas esas veces que dijeron: “Un día iremos” o “Deberíamos hacer esto algún día”. Porque cuando por fin llega ese momento, visitas esos lugares o pruebas esa comida, no puedes evitar pensar que esa persona debía estar ahí... pero ya no.