Hoy llegue a Tampico, Tamps; vine por cosas de trabajo y uno de mis socios rentó un AirBnB, una casa muy bonita, en una excelente zona, y muy barata. Al dejar maletas empiezamos a notar cosas raras.
ABRO HILO
Las disculpas públicas no existen. Uno debe disculparse únicamente con el agraviado de nuestras palabras o de nuestro comportamiento y nada más.
Si te disculpas públicamente de algo que le hiciste a alguien, sólo estás participando de un show.
Si tus palabras o tus actos "ofendieron a todos", en realidad no ofendiste a nadie y no hay por qué disculparse. Lo más probable es que hayas caído en la narrativa política equivocada.
Mucho que festejar
Los mexicanos somos pachangueros.
A pesar de todos los factores en contra (las amenazas de protesta, las obras inconclusas y, por si fuera poco, el AIFA), México está resultando ser la mejor sede. Por eso el Mundial debió hacerse aquí, todo, todos los partidos, no solo los trece que la FIFA nos mandó tras dejarse deslumbrar por los dólares americanos y canadienses.
Allá en esos lugares fifís la gente celebra muy quedito, muy para adentro, mientras que en México salimos a las calles aunque esté lloviendo, simulamos nadar en charcos de aguas puercas, convivimos, lanzamos a los periodistas por los aires, y las avorazadas y calenturientas mexicanas le meten la lengua en el hocico a cualquier güero que parezca gringo o europeo, aunque después resulte que era un menonita de los que venden quesos en los semáforos.
Siempre son festejos de muy buen gusto, eso sí. A lo mejor sin el orden y la limpieza de los japoneses, pero sí con mucha algarabía. Y cuando la alegría es mucha, también es mucho el descuido, por lo que a veces pueden pasar accidentes, como el güey que atropelló a una multitud en Chihuahua, el cabrón que hizo lo mismo en Los Cabos y lo terminaron linchando frente a su familia, o las peleas campales que han surgido en muchos Fan Fests. Son incidentes menores, el precio que hay que pagar para educar a los aburridos que no soportan el ambiente del Viva México.
Era inevitable, ya todos estamos contagiados del espíritu mundialista. Se nos olvidaron los narcoescándalos de la política, no le pusimos atención a la negociación de Marina del Pilar con agentes del FBI, dejamos de escuchar a las madres buscadoras, pusimos en pausa la crisis de desapariciones, pasamos por alto que el país está al borde de la quiebra financiera y hasta dejamos de preguntarnos si la quesadilla lleva queso o no, porque nos pasó algo más grande que todo eso: México ganó sus tres partidos de la fase de grupos.
Para eso sirve el futbol. Para recordarnos que todavía somos capaces de abrazar a un desconocido en la calle, cantar el Cielito Lindo como influencer en pandemia y sentir, aunque sea durante noventa minutos, que seguimos siendo un país. Total, no podemos desperdiciar las pocas oportunidades que nos da México para sentir aunque sea una alegría.
Además, el Mundial se acaba en unas semanas, los problemas son para siempre. Ahí lo checamos en agosto, mi Lic. Todo junio y julio es para ver a mi Selección.
Todos los bloopers de la semana en mi blog de Substack (link en el perfil).
La izquierda acusa a la oposición de pagar la narrativa de AMLO con Monsivais, como si existiera una oposición no solo con dinero, sino con una estrategia a la que le sumara.
La realidad es que nadie habla hoy del problema del narco con EU, llegó esa nota con buen timing.
Esta gente me encanta porque de verdad creen que son los buenos de la película. Hablan con una soltura.
Sí, rey, que alguien que tuvo una actitud reprobable pierda su trabajo, el sustento para su familia, la hipoteca de su casa. Ellos son inferiores a ti. Tú eres el bueno, tú eres la consecuencia. CÓBRALO, TÓCATE. SÁCIATE. SE RASGÓ LOS OJOS. QUE LO PIERDA TODO.
@DieSlowNico@Based10101@ImperiumFirst@AnimalxBased The fact that they paid is literally the whole point, anyone can fill a free concert with enough hype, the real record is the purchasing power and intent of 118k people in one place. Without the “paid” metric, it means nothing.
Men don’t need therapy
They just need 2 hours of shuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuizshuiz
Mañana arrancan los Enhanced Games en Las Vegas y son la conversación más interesante que el deporte ha tenido en décadas. Por primera vez en la historia, una competencia olímpica permite a los atletas usar abiertamente testosterona, hormona del crecimiento, EPO, esteroides y estimulantes bajo supervisión médica. Hay transparencia total sobre lo que cada atleta toma, hay controles médicos rigurosos, hay un marco legal claro.
Los números de los participantes son reveladores. El 91% usa testosterona, el 79% hormona del crecimiento, el 62% estimulantes tipo Adderall, el 50% moduladores metabólicos, el 41% EPO y el 29% esteroides anabólicos. Estos atletas declaran lo que el resto del deporte de élite esconde. Cualquiera que haya seguido el ciclismo, el atletismo o la natación durante las últimas cuatro décadas sabe que el dopaje está en todas partes. Lance Armstrong, Marion Jones, los laboratorios de Alemania Oriental, el escándalo ruso, BALCO, Operación Puerto. La diferencia es que aquí los atletas dicen la verdad.
El proyecto va más allá del deporte. Es una apuesta médica y filosófica sobre el futuro del cuerpo humano. Detrás están Peter Thiel y 1789 Capital, el fondo de Donald Trump Jr., y la lógica es exactamente la misma que la de la Fórmula 1. La tecnología que hoy permite a un coche de carreras frenar a 5G mañana está en el coche familiar. La medicina que mañana permite a un nadador batir el récord mundial de los 50 metros libres dentro de diez años permitirá a un hombre de 70 años subir escaleras sin dolor.
Esto es lo que la prensa convencional pasa por alto. Los Enhanced Games son un laboratorio. El nadador griego Kristian Gkolomeev, que nunca subió al podio en cuatro Juegos Olímpicos, superó el récord mundial de los 50 libres bajo el programa Enhanced. Ese dato debería hacer pensar a cualquiera que crea en el potencial humano. La diferencia entre la medalla y la nada, en muchos deportes, ya es química. Lo que los Enhanced Games proponen es democratizar y supervisar lo que hoy ocurre clandestinamente.
La crítica habitual es que normaliza el dopaje y pone en riesgo la salud de los atletas. El argumento ignora que el dopaje ya está normalizado en el deporte de alto rendimiento. Lo único que cambia es que ahora se hace con cardiólogos deportivos, análisis de sangre semanales y dosis calibradas, en lugar de con dealers anónimos en hoteles de Bucarest. El cardiólogo Aaron Baggish comparó el modelo con supervisar a un fumador para hacer el tabaco seguro. La metáfora suena bien pero falla. La testosterona en dosis terapéuticas tiene otra naturaleza. Millones de hombres mayores de cincuenta años la usan hoy con receta médica para mejorar su calidad de vida.
La cita es mañana a las 18:30 hora del este de Estados Unidos, que son las 00:30 de la madrugada del lunes en Madrid y las 19:30 del domingo en Buenos Aires. Se podrá ver en YouTube, Rumble, Twitch y Kick. Cuarenta y dos atletas, tres deportes, premios de 250.000 dólares por evento y un millón de dólares para quien rompa un récord mundial. La industria del deporte tradicional va a fingir indignación. Los anunciantes van a tomar distancia pública mientras toman notas en privado. Y la ciencia de la longevidad humana va a dar un salto que las federaciones olímpicas llevan décadas frenando.
Hay que mirarlo. Aunque sea por curiosidad. Porque lo que veamos mañana va a definir cómo entendemos el cuerpo humano durante los próximos cincuenta años.
@Voyager_Dos El gran Dr Kumalele, me salvó al detectarme a tiempo cáncer de próstata mediante tacto y se confirmó con biopsia; es un excelente dentista.
Je veux présenter mes excuses, au nom des Français, pour avoir enfanté la French Theory (qui a enfanté la pire des merdes idéologiques : le wokisme).
Nous avons donné au monde Descartes, Pascal, Tocqueville. Et puis, dans les ruines intellectuelles de l'après-68, nous avons donné Foucault, Derrida, Deleuze. Trois hommes brillants qui ont fabriqué, dans l'élégance de notre langue, l'arme idéologique qui paralyse aujourd'hui l'Occident.
Il faut comprendre ce qu'ils ont fait. Foucault a enseigné que la vérité n'existe pas, qu'il n'y a que des rapports de pouvoir déguisés en savoir. Que la science, la raison, la justice, l'institution médicale, l'école, la prison, la sexualité, tout n'est qu'une mise en scène de la domination. Derrida a enseigné que les textes n'ont pas de sens stable, que tout signifiant glisse, que toute lecture est une trahison, que l'auteur est mort et que le lecteur règne. Deleuze a enseigné qu'il fallait préférer le rhizome à l'arbre, le nomade au sédentaire, le désir à la loi, le devenir à l'être, la différence à l'identité.
Pris isolément, ce sont des thèses discutables. Combinées, exportées, vulgarisées, elles forment un système. Et ce système est un poison.
Car voici ce qui s'est passé. Ces textes, illisibles en France, ont traversé l'Atlantique. Les départements de Yale, de Berkeley, de Columbia les ont absorbés dans les années 80. Ils y ont trouvé un terreau qui n'existait pas chez nous : le puritanisme américain, sa culpabilité raciale, son obsession identitaire. La French Theory s'est mariée à ce substrat, et l'enfant de ce mariage s'appelle le wokisme.
Judith Butler lit Foucault et invente le genre performatif. Edward Said lit Foucault et invente le post-colonialisme académique. Kimberlé Crenshaw hérite du cadre et invente l'intersectionnalité. À chaque étape, la matrice est française : il n'y a pas de vérité, il n'y a que du pouvoir, donc toute hiérarchie est suspecte, toute institution est oppressive, toute norme est violence, toute identité est construite donc négociable, toute majorité est coupable.
Voilà comment trois philosophes parisiens, qui n'ont probablement jamais imaginé leurs conséquences pratiques, ont fourni le logiciel d'exploitation à une génération entière d'activistes, de bureaucrates universitaires, de DRH, de journalistes, de législateurs. Voilà comment on a obtenu une civilisation qui ne sait plus dire si une femme est une femme, si sa propre histoire mérite d'être défendue, si le mérite existe, si la vérité se distingue de l'opinion.
C'est de la merde pour une raison simple, et il faut la dire calmement. Une civilisation se tient debout sur trois piliers : la croyance qu'il existe une vérité accessible à la raison, la croyance qu'il existe un bien distinct du mal, la croyance qu'il existe un héritage à transmettre. La French Theory a entrepris de dynamiter les trois. Pas par méchanceté. Par jeu intellectuel, par fascination du soupçon, par haine de la bourgeoisie qui les avait nourris. Mais le résultat est là. Une génération entière a appris à déconstruire et n'a jamais appris à construire. Une génération entière sait soupçonner et ne sait plus admirer. Une génération entière voit le pouvoir partout et la beauté nulle part.
Je m'excuse parce que nous, Français, avons une responsabilité particulière. C'est notre langue, nos universités, nos éditeurs, notre prestige qui ont donné à ce nihilisme son emballage chic. Sans la légitimité de la Sorbonne et de Vincennes, ces idées n'auraient jamais traversé l'océan. Nous avons exporté le doute comme d'autres exportent des armes.
Ce qui se construit maintenant, en silicon valley, dans les labos d'IA, dans les startups, dans les ateliers, dans tous les lieux où des gens fabriquent encore des choses au lieu de les déconstruire, c'est la réponse. Une civilisation se reconstruit par les bâtisseurs, pas par les commentateurs. Par ceux qui croient que la vérité existe et qu'elle vaut qu'on s'y consacre. Par ceux qui assument une hiérarchie du beau, du vrai, du bon, et qui n'ont pas honte de la transmettre.
Alors pardon. Et au travail.