Tenemos delante la evidencia de que la Fiscalía General del Estado ha estado al servicio de una cloaca del partido socialista creada para atacar a los jueces, fiscales y guardias civiles que investigaban causas incómodas para el gobierno, el presidente o el partido socialista (esposa, hermano, rescate Plus Ultra y Air Europa..., financiación ilegal, trama hidrocarburos, mordidas millonarias etc.)
La constatación de que han usado la gobernabilidad y las instituciones como herramienta de impunidad.
La magnitud de lo que estamos conociendo debería traducirse en un escándalo que lo pusiera todo patas arriba, con cientos de dimisiones y elecciones en septiembre.
Pero hemos normalizado que un señor cuyo único proyecto de país es salir indemne de los delitos cometidos se aferre al sillón. Y encima ha empezado el mundial
Ni siquiera advierten de que es una información no contrastada, que procede del régimen iraní, y además lo ilustran con una imagen falsa. Dais asco, EFE.
Figaredo a un periodista que le acusaba de ser un “negacionista” del “cambio climático”:
“¿Se creen que por demoler centrales térmicas va a dejar de llover? ¿Se creen que por prohibir la entrada de coches diésel el tiempo va a cambiar?”.
Un señor declara en sede judicial (con obligación de decir verdad para no incurrir en delito de falso testimonio), que vio a una empresaria entrar en la sede del PSOE con una bolsa llena de fajos de billetes y salir sin ella. Algo que ella también confirma.
No sólo no dimitirá nadie, sino que tendremos otro manifiesto contra el golpismo judicial y mediático y un especial en RTVE sobre los tecnoligarcas
El que no sabía que su suegro regentaba saunas y prostíbulos en los que -presuntamente-se realizaban grabaciones.
El que desconocía que sus compañeros de Peugeot se repartían mordidas y colocaban a sus queridas en empresas públicas.
El que no se enteró del uso de efectivo de forma opaca en el partido (presuntamente).
El que no era consciente de que su mujer usaba Moncloa para sus negocios (presuntamente).
Ese mismo, Pedro Sánchez, va a censurar contenidos en rrss y educar mejor que nosotros a nuestros hijos. Claro que sí
Como vuelve el fraude de las pensiones conviene recordar unos simples datos:
- Los pensionistas cobran de media un 74% más de lo que aportaron. (Fuente: Banco de España)
- Los que reciben una pensión ordinaria reciben el doble de lo que aportaron. (Banco de España)
- Prácticamente 1 de cada 2 euros del presupuesto del Estado va destinado a las pensiones. Un sistema de pensiones quebrado, forjado en una estafa piramidal y, lógicamente, insostenible.
- En los últimos 15 años los pensionistas han aumentado su poder adquisitivo un 10'12%, el resto de los españoles ha perdido un 10'33%
Las pensiones no hay que revalorizarlas, hay que destruir el sistema que está condenando a todo un país. Votar a favor de revalorizarlas es votar a favor de la miseria presente y futura de millones de personas.
Si pagas mucho por un servicio y el servicio es malo, hablamos de que es una estafa.
Si pagas más impuestos que nunca y los servicios públicos están peor que nunca, es que se necesita más dinero.
Visto desde fuera, lo que está pasando en España inquieta de verdad. Hay una sensación clara de que quienes gobiernan ya no se sienten obligados a rendir cuentas, protegidos por el control de los medios públicos y por una lógica de impunidad cada vez más normalizada. En esos mismos medios estatales se escuchan discursos sobre cómo la dictadura ocultaba accidentes, se corre a hablar de Franco, pero cuando ocurre uno hoy se llega a decir sin pudor que la culpa es del cambio climático.
Mientras tanto, un ministro responsable de un sector marcado por un accidente gravísimo, con medio país bloqueado en redes, responde con mensajes confusos y defensivos. No hay explicaciones claras ni responsabilidades asumidas, solo una obsesión por controlar el relato. El Gobierno, que en su momento intentó sacar rédito político de la desastrosa gestión general, a todos los niveles, de una riada mortal en Valencia, rechaza ahora cualquier culpa.
Todo suena a modo supervivencia, con medios afines ya buscando el próximo escándalo que permita pasar página sin mirar atrás.
Ahora, dos días después del accidente de Adamuz, limitan a 160kmh parte del trayecto Madrid-Barcelona por el mal estado de las vías. Esta mañana pasaban a 300kmh.
Estos malnacidos han estado, y están, jugando con nuestras vidas. Y ahí sigue Óscar Puente. Es un Gobierno criminal.
En Washington, el año pasado murieron 67 personas en un accidente provocado por una mala ruta de helicóptero. De inmediato se exigieron responsabilidades al Gobierno y al Pentágono, y los periodistas preguntaron abiertamente de quién era la responsabilidad dentro de la cadena de mando. En España, en cambio, vemos a medios y periodistas sosteniendo que pedir explicaciones tras una tragedia es “fascismo”. Eso es propio de sistemas autoritarios: contar con medios alineados o comprados que hacen las purgas y descalifican la crítica por ti.
Mi razón para afirmar que determinadas campañas recientes son anti periodísticas es que rompen con los fundamentos esenciales del oficio. El periodismo no consiste en amplificar relatos, sino en verificarlos; no en creer, sino en comprobar; no en pasar años logrando una entrevista, sino en verificar que lo que se dice en ella es cierto. Cuando una cobertura se construye sobre testimonios no contrastados, presentados como hechos consumados y sin respaldo documental o judicial, se sustituye el método por la convicción y la información por el señalamiento.
Una lección básica de periodismo es distinguir con claridad entre hechos probados, acusaciones y opiniones. Confundir esas categorías desorienta al lector y erosiona la credibilidad del medio, además de la calidad democrática. También implica ignorar principios elementales como la presunción de inocencia, que no es una concesión ideológica, sino una garantía civilizatoria. El contraste de fuentes, la búsqueda de pruebas independientes y la contextualización no son adorno sino el núcleo fundamental del trabajo informativo.
Además, la repetición de una acusación no la convierte en verdad. El periodismo no es vehículo de acusaciones. La insistencia sin verificación puede generar ruido, pero no conocimiento. El periodismo responsable informa sobre lo que está acreditado, explica lo que está en disputa y señala lo que aún no se sabe. Cuando se abdica de esa disciplina, el resultado no es periodismo crítico, sino una campaña ideológica o política sin sustento, vulnerable a errores, manipulaciones e intereses ajenos a la información.
Y en fin, esto no es más que mi opinión y los principios por los que yo, desde todo el respeto, me conduzco.