Imaginate lo que fue Marcos Rojo otra vez que el de Gimnasia de Jujuy que gritó bomba en el avión y se fue esposado e hizo bajar a escanear a todos los pasajeros es el segundo jugador más idiota del fin de semana.
50 años. Nos quisieron destruir, en todo sentido y para siempre. En nuestras casas, nuestras universidades, nuestros clubes, nuestros trabajos.
No lo lograron. No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos. Nos chupan bien la pija.
Nadie, genuinamente, puede putear al entrenador que te dio la alegría deportiva más importante de tu vida. Después, por supuesto, hay mil cosas criticables, cuestionables y debatibles. Como les cabe a todos.
Entiendo que la lógica de esta red social es trascender desde las barbaridades que se dicen, sumar interacciones desde las miserias. Importa más el impacto que el contenido. La idiotez se propaga más rápido que la reflexión. Y es algo que difícilmente podamos cambiar a esta altura.
Jamás nos vamos a poner de acuerdo. Somos 20 millones de hinchas, con miradas y pensamientos diferentes. Algunos les gustará más, a otros más o menos, a otros no les gustará nada Gallardo. Y está muy bien. Siempre desde el argumento y el sentimiento genuino, yo respeto a todos.
A los que insultan, a los que denigran, a los que joden con la pérdida de un familiar, con una supuesta adicción o inducen a un suicidio, solo les deseo que se recuperen algún día. Porque están realmente muy mal del bocho.
En algún momento va a pasar de moda ser un hijo de puta. Y nadie se acordará de ellos.