Busqué durante mucho tiempo las palabras para volver a ti. Pensé q tendría q inventarlas, recorrer libros, memorias, noches enteras, para decir lo q aún me despiertas. Pero la verdad era mucho más simple, bastaba con cerrar los ojos y dejar q aparecieras…
A veces pienso q la felicidad también deja huellas, q hay noches que no deberían olvidarse por q nos recuerdan quiénes fuimos cuando todo parecía encajar. Y si algún día vuelvo a encontrarte, me bastaría con acercarme, tomar tu mano y mirarte como aquella primera vez.
Me gustaba descubrirte despacio, sin prisa, con la certeza de que algunos momentos merecen quedarse en la memoria. Cada sonrisa tuya era una promesa. Cada mirada, una invitación a quedarme. Y yo, inevitablemente, volvía a perderme en tus ojos.
El calor de tu piel cuando nos quedábamos cerca, sin necesidad de hablar. Había algo en esos momentos q apretaba tus manos sobre la cama que no pedía explicaciones. Mis besos sobre tu cuerpo. Y esa costumbre de permanecer muy juntos, como si alejarnos fuera una idea imposible.
Encontrar tu mirada, esa mirada cansada q tantos confunden con el peso de los días. Y yo sé que una vez tuvo otro origen. Ojalá esas ojeras renazcan de noches interminables de risas, de conversaciones q se alargan hasta el amanecer, de besos robados entre silencio y gemidos…
A veces pienso que la felicidad también deja huellas, que hay noches que no deberían olvidarse por q nos recuerdan quiénes fuimos cuando todo parecía encajar. Y si algún día vuelvo a encontrarte, me bastaría con acercarme, tomar tu mano y mirarte como aquella primera vez.
Me gustaba descubrirte despacio, sin prisa, con la certeza de que algunos momentos merecen quedarse en la memoria. Cada sonrisa tuya era una promesa. Cada mirada, una invitación a quedarme. Y yo, inevitablemente, volvía a perderme en tus ojos.
El calor de tu piel cuando nos quedábamos cerca, sin necesidad de hablar. Había algo en esos momentos que apretaba tus manos sobre la cama que no pedía explicaciones. Mis besos sobre tu cuerpo. Y esa costumbre de permanecer muy juntos, como si alejarnos fuera una idea imposible.
Encontrar tu mirada, esa mirada cansada que tantos confunden con el peso de los días. Y yo sé que una vez tuvo otro origen. Ojalá esas ojeras renazcan de noches interminables de risas, de conversaciones que se alargan hasta el amanecer, de besos robados entre silencio y gemidos…
Me encanta tu cuerpo de delicioso, tu risa y tu llanto únicos, tu forma pasional y cálida y sexy forma de amar. Te gusta cantar y ser querida, te encuentras en las letras y curas con vinagre. Amo tu espíritu rebelde y cómo, conmigo, rompías cadenas para volar en tu cielo.
No diré nada que no hayas oído, pero mírate en mis ojos. Te escojo porque veo lo que nadie más verá. Eres desinhibida, vives el presente y amas a dos orillas. Llevas un luto en el alma, pero eres traviesa y tus demonios no te dan calma.
Solo la fricción, tu centro palpando el mío a través de la ropa. Verte retorcerte sobre la madera, sentir tus piernas temblar, llegar juntos al espasmo sin romper el sello. Ese fue nuestro mejor polvo: quedarnos en la orilla, ardiendo, con la promesa de volver a esa mesa.
Espero encontrarte sobre esa mesa de madera, nuestra cómplice. Plantarme entre tus muslos, frotar mi entrepierna contra la tuya sin desabrocharte. El calor de tu sexo traspasando la tela, mis caderas hundiéndose en un vaivén cruel. Morder tu cuello mientras tu cadera respondía…
en su pasión me reintegro.
Vivo de su recuerdo y en insólita locura
veo a la noche como a su cabellera oscura y me desvelo pensando quimeras.
Porque si hay algo que obsesiona a mi despecho es el osado movimiento alígero de sus pechos y el esplendor de sus miríficas caderas. ~
Vivo del recuerdo de su ardiente boca
y de sus ojos que destilan miradas,
de su sensualidad de gata encelada
y de la noche que su imagen me evoca.
Siento las emanaciones de su fuego;
oscura lumbre de su pelo negro,
me rindo a su belleza en ferviente ruego,
me deshago y…
"Me gustan las personas desesperadas, con mentes rotas, destinos rotos y sorpresas rotas. Están llenas de sorpresas y explosiones. A mí me aburre la gente buena, ordenada y perfecta. Me gustan los bichos raros, los malditos, los locos, los que no encajan…