Hace 28 años la primera mujer que denunció públicamente haber sufrido violencia de género fue quemada viva por su marido después de dar su testimonio en televisión
El presidente comunista del Real Madrid que fue ejecutado a garrote vil por el franquismo.
Pese a dirigir el club durante la guerra civil, el coronel Antonio Ortega Gutiérrez no figura en la historia oficial merengue.
Antonio Ortega Gutiérrez fue presidente del Real Madrid, pero su militancia comunista y su tenaz defensa de la España republicana han opacado su cargo, hasta el punto de que su nombre no figura en la historia oficial del equipo.
Durante el período que lo dirigió, entre 1937 y 1939, planteó que la práctica del fútbol no girase en torno al vil metal, aunque lo único que consiguió Antonio Ortega fue morir ejecutado mediante garrote vil por los rebeldes franquistas.
Tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, su ascenso en el escalafón militar republicano fue fulminante. Primero combatió en Euskadi, donde ejerció como gobernador civil de Gipuzkoa, y luego frenó el avance fascista durante la defensa de Madrid.
Ya en la capital, con el rango de coronel, fue nombrado director general de Seguridad y presidente del Madrid Football Club, españolizado como Real Madrid Club de Fútbol en 1941, recuperada ya la corona que había desaparecido durante la Segunda República.
¿¡Un inquilino comunista en Chamartín!? Lo de republicano, pasaría, pues un año antes Rafael Sánchez Guerra había vencido en las urnas al candidato de la derecha de siempre, que luego encarnaría Santiago Bernabéu. Pero que fuese un rojo era algo inédito.
*Un comunista al frente del Real Madrid
Solo se entiende en el contexto de la guerra civil, cuando la Federación Cultural y Deportiva Obrera se hace cargo del club y nombra un comité presidido por Juan José Vallejo, quien pronto cedería el testigo a Ortega en una elección a dedo en la que influyó el PCE.
Una etapa competitivamente en blanco, pese a que el coronel trató de que el equipo disputase la Liga Mediterránea, un vano intento ante la amenaza perenne de las tropas de Francisco Franco. Pese a las dificultades, el estadio de Chamartín albergó varios partidos.
Jugadores y soldados compartieron camiseta durante el Trofeo del Ejército del Centro, aunque la victoria no conllevaba un premio, porque, de algún modo, Antonio Ortega se adelantaba al futuro lema Odio eterno al fútbol moderno y ultracapitalista.
«Una de las singularidades de este torneo era que no había ninguna copa para librar al ganador, una idea de acuerdo con los principios que defendía el coronel Ortega, que pretendía liberar al mundo del fútbol de la creciente competencia y mercantilización».
La cita es de Ramon Usall, autor del libro Futbolítica (Altamarea), donde rememora cuando el Madrid no era Real y tenía un presidente republicano y comunista, como reza un capítulo de su ensayo, en el que recupera una entrevista concedida a la revista Blanco y Negro.
«El fútbol [del futuro] no se parecerá en nada al que se practicaba antes del 18 de julio. Me refiero, naturalmente, a su organización. No se comerciará con las fichas ni con las estrellas ni con la juventud», dejaba claro Antonio Ortega.
El presidente del Real Madrid, escribe el sociólogo, ya «apuntaba la necesaria transformación futura del fútbol para alejarlo de la mercantilización», aunque la historia, tan caprichosa, ha ido por otros derroteros y se ha olvidado de la presidencia del propio coronel.
Tras la victoria rebelde, huyó a Alicante para escapar al extranjero, pero fue detenido y ejecutado a garrote vil por el franquismo el 15 de julio de 1939. Ramon Usall considera que Antonio Ortega, asesinado a los 51 años, es «el gran olvidado de la historia madridista».
«El actual Real Madrid no dedica ni una triste mención en su museo que, por el contrario, recoge una pomposa hagiografía de Santiago Bernabéu», escribe el autor de Futbolítica. «Casi como si la historia del club se iniciara con el militar franquista voluntario que participó como caporal en la ocupación de Cataluña».
(Texto original de Henrique Mariño)
aquí está unha vez máis a puta telegaita poñendose de lado dos agresores e dos homófobos sacando comunicados por parte do agresor con tal de quitarlle ferro o asunto
que ganas de que purguen a toda esta basura da televisión
Este cara de simio es el de la agresión homófoba en Santiago de Compostela.
presuntamente también estuvo durante 4 años haciendo bullying a una cría.
Mi pésame a su familia por haber cagado semejante 💩 de infraser.
por si queréis saludarle: https://t.co/OoT53WrUaM
Falangistas metían ratas en las vaginas de las presas.
Testimonio de Eudaldo Felipe Nuez, desarrolló el servicio militar en el cuartel de La Isleta entre los años 1936-1938.
«(…) A las mujeres embarazadas las ponían en aquella frías camillas metálicas, las abrían de piernas, se las amarraban y les metían las ratas que traía Juan «El Cebollero» de Falange en una jaula de calandras, parecían enseñadas, porque desde que las soltaban iban directas a las vaginas, mordían un poco por fuera los labios y luego entraban muy rápidas y las devoraban por dentro. Nunca en mi vida escuché gritos de dolor tan fuertes, se me quedaron grabados en mis oídos por siempre mientras fregaba los pisos del centro de detención ubicado en la trasera de la calle Triana, allí solo llevaban mujeres a las que si eran jóvenes y bonitas las violaban, si eran mayores las colgaban por la piernas boca abajo varios días pa darles leña con las varas de acebuche y las pingas de buey. «La Casa de los Horrores» la llamaba mi primo Macario, el que fue futbolista, no podíamos renunciar a aquel horrible trabajo porque los dos eramos soldados, nos llevaban cada noche en un pequeño camión con material de limpieza del cuartel, solo sacábamos mucha sangre, sesos, trozos de vagina, pezones cortados, pechos enteros metidos en bolsas de papel. Había siempre por allí un médico de Las Palmas, se llamaba Don Antonio Marrero Portugués, se encargaba de mirarles la tensión a las que estaban casi muertas o la temperatura, todavía no entiendo que función tenía porque lo que les hacían era incurable, tal vez pa saber el tiempo que durarían vivas y seguirles haciendo daño hasta la muerte. Me acuerdo de los niños que metían en una sala contigua a las de tortura, un cuarto frío, sin muebles, donde los menores oían los gritos de sus madres, a veces llevaban alguno pa que vieran como las destrozaban y dieran algún dato de la información que pedían los torturadores. Lo que no olvido son las ratas de cloaca casi negras, sus chillidos cuando olían la sangre o las entrañas de aquellas pobres mujeres…»
Entrevista realizada por Francisco González Tejera, en el barrio de Vegueta (Las Palmas de Gran Canaria), el 5 de julio de 1987.