No odian a Bad Bunny, odian lo que representa. Pertenezco a una generación en la que te hacían sentir inferior por no hablar ingles, hoy son ellos los que tienen que aprender español. Ya no somos secundarios, también somos protas.
Qué liberador es aceptar que hay vínculos familiares que están rotos. Aceptarlo, marcar el límite y no permitir que sigan pisoteando a esa niña que lo aceptaba todo solo por buscar la aceptación emocional que nunca tuvo y que ahora no la necesita. Es sanador, aunque duela.