Hay instantes donde todo se alinea en silencio y me recuerda que, a veces, lo que buscaba nunca estuvo lejos, solo esperaba que dejara de intentar tanto
No sé si es costumbre o rebeldía emocional, pero algo dentro insiste en creer que cada regreso tiene su propio significado, incluso si no sabemos de qué o hacia dónde volvemos
No sé si estoy recordando o anticipando, pero algo en mí sabe que cada paso está unido a algo que aún no llega o algo que nunca se fue
Y en ese punto intermedio existe una calma
Días en los que siento que ya lo viví todo, y aun así todo se siente nuevo
Como si la vida fuera un eco, repitiéndome versiones distintas de lo mismo hasta que por fin lo entiendo
Estoy en un punto intermedio, donde no sé si estoy a mitad de un sueño o una realidad que aún no termino de aceptar, encuentro un tipo de libertad rara
Esa que no promete nada, pero tampoco exige nada. Y con eso, me basta
Últimamente no busco respuestas, solo dirección
Esos momentos donde querer entenderlo todo es perderlo todo. Y otra veces soltar la lógica es una forma de encontrar paz
A veces confundo la calma con el vacío, y el vacío con libertad
Tal vez por eso me atrae tanto lo que quema, eso que no promete quedarse pero deja huellas
Cruzando una avenida invisible donde todo pasa y nada se queda
Y sin embargo, me gusta este tránsito. Me recueda que el movimiento también puede ser un hogar
Lo curioso es que mientras todo se acelera, algo dentro de mí se vuelve más lento, como si quisiera recordarme que la claridad nunca llega corrriendo. Siempre llega cuando decidimos detenernos
Pausas que valen la pena más que cualquier llegada. Eso instantes donde entendemos que no necesitamos alcanzar nada, porque lo que buscabamos siempre ha estado esperandonos en el mismo lugar
Hay un tipo de paz en no querer descifrarlo todo, en dejar que lo que tenga que llegar llegue sin pedir permiso
Quizás nunca se trata de encontrar la respuesta, sino de disfrutar la confusión sin miedo a quedarnos ahí un rato más