About six million years ago, the Straits of Gibraltar closed. But, because the Mediterranean evaporated quicker than rivers could fill it, it started to disappear. You could have walked from Italy to Africa.
But then the straits reopened. Dramatically.
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Hoy han desahuciado a Maricarmen.
Tiene 87 años y llevaba 70 en el mismo piso de Retiro. Era el cuarto intento, y anoche acamparon cientos de personas en su puerta para impedirlo.
Es un drama, creo que todos estaremos de acuerdo. Porque Maricarmen es una persona muy mayor. Pero que sea un drama no significa que no sea lo justo.
Durante meses hemos oído la matraca de que la culpa es de Franco y del machismo de la época. Pero con saber un poco del tema o interesarte sin sectarismos, sabrás que la ley que la ha sacado de su casa es de 1994, y la hizo el Gobierno de Felipe González.
Sí, una ley del PSOE. Lo que sí venía del franquismo era la ley de la renta antigua.
Su padre firmó el contrato en 1956 con la ley de entonces, que contenía la prórroga forzosa: aunque el contrato venciera, el casero no podía echarte, y te quedabas mientras quisieras salvo en casos muy concretos.
Cuando el inquilino moría, el contrato podía pasar a su familia mediante subrogación.
Y eso fue lo que ocurrió con su casa. En 1961 murió el padre y el contrato pasó a la madre. Con aquella ley, cuando muriera la madre, Maricarmen se habría quedado el contrato y podría haber seguido de inquilina toda la vida.
En 1985, el decreto Boyer, del primer Gobierno de Felipe González, acabó con la prórroga forzosa, pero solo en los contratos nuevos. Los antiguos siguieron igual.
El cambio que afecta a Maricarmen llega en 1994, con la Ley de Arrendamientos Urbanos.
La sacaron adelante el propio Felipe González y Borrell, que era ministro de Obras Públicas, con la idea de ir cerrando poco a poco los contratos de renta antigua.
Quien ya vivía en el piso podía seguir hasta el fallecimiento, y si el contrato pasaba a su viudo o su viuda, también. Pero si pasaba a un hijo, solo le quedaban dos años.
La ley amparaba dos excepciones. Una, tener una discapacidad del 65% o más. Otra, que el hijo fuera mayor de 65 o estuviera jubilado y se quedara el contrato en los diez primeros años de la ley, o sea, antes de que acabara 2004.
En esos dos casos, el hijo seguía de por vida.
La madre de Maricarmen murió en 2005, cuando ella ya pasaba de los 65, pero ese plazo se había cerrado al acabar 2004. Además, su discapacidad reconocida es del 50%, y no llega al 65% que pide la ley.
Por lo tanto, no entraba en ninguna de las dos excepciones, y su subrogación era de dos años: el contrato se extinguió en 2007.
El argumento del machismo tampoco se sostiene como tal, más allá de que todos estemos de acuerdo en que era indignante que las mujeres no tuvieran los mismos derechos que los hombres.
Es cierto que en 1956 una mujer casada no podía firmar un contrato sin permiso del marido, y el contrato estaba a nombre del padre. El Sindicato de Inquilinas dice que, si hubiera estado a nombre de los dos, lo de Maricarmen contaría como primera subrogación y el contrato seguiría vivo.
Pero con la ley de 1994 eso da igual: al hijo que se queda un contrato antiguo le tocan dos años, sea la primera vez que el contrato cambia de manos o la segunda.
Durante 15 años nadie le dijo nada. Los dueños le siguieron cobrando el alquiler como si el contrato siguiera en vigor. En 2018 se vendió el edificio, y los nuevos dueños le ofrecieron dos salidas: comprar el piso por unos 250.000 euros o quedarse pagando 1.650 al mes. Ella cobra 1.450 de pensión.
Dijo que no, y la empresa la demandó.
Maricarmen ganó en primera instancia, porque el juez entendió que los dueños habían aceptado el contrato durante años. Pero la Audiencia de Madrid no lo vio así en el recurso, y el Supremo tampoco.
Es importante decir que esa regla de los dos años lleva más de 30 años sin tocarse. En ese tiempo han gobernado el PP y el PSOE (en solitario y en coalición) y ninguno la ha cambiado.
Pero ahora el PSOE y toda la izquierda hablan mucho de Maricarmen.
Esta semana su Gobierno pedía a Almeida y a Ayuso que frenaran el desahucio, y la ministra de Vivienda se ha preguntado cuántas Maricármenes se habrían salvado con lo que costó el ático de Ayuso. Tócate las narices con la demagogia.
Pero a Maricarmen la echa una ley del PSOE, y el PSOE no ha cambiado la ley en todos sus años de gobierno. Son unos hipócritas sin fronteras.
Y luego está el Sindicato, que culpa al franquismo y pide ahora contratos de alquiler indefinidos justo como los que había con Franco. Contratos que el dueño no podía terminar y que, por lo tanto, le dejaban en completa indefensión.
Si eso ocurriera, no se pondría ni una sola vivienda en alquiler más. Pero bueno, ya sabéis que los extremos siempre se tocan.
Dicho esto, lo de Maricarmen es un drama evidente, humano y filosófico.
Una mujer de 87 años, que ya necesita silla de ruedas para moverse, sale de la casa en la que ha vivido desde los 17. ¿Estamos abandonando a una persona mayor desvalida?
Maricarmen es adulta. Su familia lleva 70 años disfrutando de una renta antigua que hoy ronda los 500 euros en pleno Retiro, cuando los pisos de su edificio se alquilan por unos 2.650, según el propio Sindicato. Y el Ayuntamiento dice que le ofreció alojamiento y que ella lo rechazó.
La propiedad privada es sagrada y así hay que defenderla, también cuando el caso es duro. Y el cariño que le tengas a tu vivienda no te hace su propietario, por mucho que quieras.
La salida para alguien como Maricarmen puede venir del Estado o de la solidaridad de la gente. Pero si rechaza la alternativa que le ofrecen, ¿qué solución hay?
Lo que no puede ser nunca es que el dueño de algo no pueda hacer lo que quiera con lo que es suyo.
Y aquí hay que decir que se intentaron las dos cosas. El Ministerio intentó comprar el piso y una escritora se ofreció a pagarle 2.150 euros al mes para el resto de su vida.
La empresa no aceptó ninguna. Estaba en su derecho: el piso es suyo.
Una puntualización. La empresa que la ha demandado no es un fondo buitre, como están diciendo, sino una sociedad limitada madrileña fundada en 2005. Se dedica a invertir y asesorar en edificios alquilados y a la compraventa de farmacias. Le compró el piso a Renta Corporación, una inmobiliaria cotizada que había adquirido el edificio en 2018.
Y en realidad da igual que sea Blackstone, Urbagesa o mi primo Paco: es el dueño legítimo de una propiedad.
Lo que está claro es que Maricarmen ha tenido a lo largo de su vida la posibilidad de tomar decisiones alternativas que no hubieran llevado a esta situación y que prefirió no hacerlo. Desde 1994 era ley que esto podía pasar. Tenía 56 años.
Y una cosa es evidente: muchas empresas y familias han estado en la misma situación que Maricarmen y han tenido que cerrar sus negocios, trasladarlos o mudarse a otra vivienda.
No se puede tener una ley a medida de cada situación personal: eso sí que es injusto.
Si Maricarmen no ha tomado decisiones necesarias a lo largo de su vida, la culpa es enteramente de Maricarmen.
Dejemos de infantilizarlo todo. Por mucha pena que nos dé.
ElXokas habla de Ester Expósito. Irene Montero responde. Abby entra en escena y media España discute otra vez sobre machismo, patriarcado y feminismo.
Pero detrás de los insultos, los clips y los zascas hay una pregunta mucho más incómoda. Si la respuesta a todos nuestros problemas siempre es el patriarcado, quizás ha llegado el momento de empezar desde cero.
Dos sexos, dos formas de sufrir y una sola teoría
Cuando se ordenan los problemas de hombres y mujeres, aparece una paradoja. En la parte alta de ambas listas están los problemas materiales.
En las mujeres, la dependencia económica, la carga de los cuidados, la maternidad, la conciliación o la dificultad para abandonar relaciones dañinas.
En los hombres, los trabajos peligrosos, la obligación de proveer, la exposición histórica a la guerra y un valor personal demasiado ligado al salario, el estatus y la utilidad.
Más abajo comienzan los problemas culturales, como la presión estética sobre las mujeres, la obligación masculina de mostrarse fuerte, la expectativa de que ellas cuiden y comprendan o de que ellos resuelvan, produzcan y protejan.
Y finalmente aparecen los problemas más ideológicos, como la dificultad para definir la feminidad, la sospecha permanente sobre la masculinidad, la conversión de la mujer en víctima estructural y la del hombre en beneficiario estructural.
Resulta curioso que, cuanto más nos alejamos de la realidad, más segura parece estar la teoría del patriarcado de sí misma.
No hubo un reparto simple de privilegios
La historia no distribuyó privilegios a los hombres y cargas a las mujeres de una forma limpia. Distribuyó funciones, obligaciones, dependencias, riesgos y compensaciones diferentes.
La mujer dependía económicamente del marido, pero el marido estaba obligado a mantenerla. La mujer quedaba vinculada al cuidado y el hombre a la producción, la intemperie, la fábrica o la guerra.
También eran distintos los criterios con los que ambos eran valorados. La mujer por su capacidad familiar, reproductiva o estética y el hombre por su fuerza, patrimonio, utilidad o estatus.
En ambos casos existían limitaciones brutales para cualquier individuo que no quisiera o no pudiera representar el papel que le había correspondido.
Nada de esto convierte aquel mundo en justo ni obliga a ignorar las discriminaciones legales que padecieron las mujeres, pero sí hace intelectualmente pobre describir siglos de organización social mediante una única flecha de poder que siempre va del hombre hacia la mujer.
El poder de un rey, un empresario o un terrateniente no era el poder del campesino enviado a una guerra. Compartían sexo, no intereses, privilegios ni destino.
Dos métodos para medir el sufrimiento
El problema se vuelve más evidente cuando observamos cómo analizamos las desigualdades actuales. Cuando encontramos una desigualdad femenina, buscamos una estructura que lo explique todo. Cuando encontramos una desigualdad masculina, buscamos una conducta.
Si una mujer depende económicamente, hablamos de estructuras patriarcales.
Si un hombre siente que debe mantener económicamente a toda su familia, hablamos de un rol masculino que debe abandonar.
Si una mujer no consigue salir de una relación dañina, estudiamos sus condicionantes materiales, emocionales y sociales.
Si un hombre no pide ayuda, concluimos que debe aprender a pedirla.
Cuando las mujeres están infrarrepresentadas en un ámbito prestigioso buscamos barreras, sesgos y mecanismos de exclusión.
Cuando los hombres están sobrerrepresentados entre suicidas, presos, personas sin hogar o muertos en accidentes laborales, resulta mucho más fácil hablar de impulsividad, malas decisiones, violencia o resistencia a acudir a los servicios sociales.
Y cuando alguien pregunta por qué aplicamos métodos distintos aparece una explicación capaz de absorber cualquier objeción, que el patriarcado también perjudica a los hombres.
Es una teoría extraordinariamente cómoda. Si los hombres triunfan, confirma el patriarcado. Si fracasan, también.
Si dominan, es masculinidad; si se hunden, también.
Si hablan, ocupan el espacio; si callan, reprimen sus emociones.
El problema no es que la explicación sea siempre falsa. El problema es que corre el riesgo de no poder ser falsa nunca.
Lo que importa son los mecanismos
No necesitamos enfrentar una lista de sufrimientos masculinos contra otra de sufrimientos femeninos para decidir quién merece la medalla histórica de la opresión.
Tampoco necesitamos inventar un feminismo para hombres que copie exactamente el mismo esquema, cambie el sexo del sujeto y empiece a contar muertos, presos y suicidas como prueba de una conspiración femenina.
Necesitamos algo intelectualmente más serio, estudiar cada desigualdad según el mecanismo que la produce.
Si depende de la clase social, hablar de clase. Si depende de la biología, admitir la biología. Si depende de incentivos económicos, analizar los incentivos. Si depende de leyes, cambiar las leyes. Si depende de costumbres, modificar las costumbres. Y si depende de decisiones personales, reconocer también la responsabilidad individual.
Si un problema afecta principalmente a mujeres, estudiarlo como problema femenino puede ser enormemente útil. Si afecta principalmente a hombres, deberíamos aplicar exactamente el mismo principio sin sentir que estamos traicionando ninguna causa política.
La igualdad no consiste en descubrir qué sexo ha sufrido más. Consiste en dejar de deformar cada sufrimiento para que encaje en una teoría previa. Porque hombres y mujeres pueden sufrir de maneras distintas y por mecanismos diferentes.
Lo que no tiene sentido es obligar a ambos a sufrir dentro de la misma explicación.
El esquema que lo explica todo
Buena parte del feminismo hegemónico ha terminado encerrada en un esquema extraordinariamente sencillo, donde el problema es el patriarcado, el síntoma es el machismo y la solución es más feminismo.
El patriarcado ocupa el lugar de la estructura profunda. Puede explicar la familia tradicional, el mercado laboral, la sexualidad, la educación, la estética, la violencia, los cuidados o el lenguaje.
El machismo sería su manifestación visible, donde se encuentra la conducta, el prejuicio o la desigualdad concreta mediante la que el patriarcado se muestra.
Y el feminismo aparece entonces no como una doctrina política sometida a discusión, sino como el único instrumento necesario para diagnosticar y corregir el sistema.
El esquema tiene una enorme potencia política porque tiende a cerrarse sobre sí mismo. Si una mujer denuncia una desigualdad, confirma la necesidad del feminismo.
Si una mujer niega sentirse oprimida, puede decirse que ha interiorizado el patriarcado.
Si un hombre se opone, es que protege sus privilegios.
Si se acepta la teoría, se reconoce la estructura.
Incluso los problemas masculinos pueden incorporarse al modelo como daños colaterales del propio patriarcado.
Así,cualquier resultado puede reinterpretarse como una nueva manifestación del mismo problema y, por tanto, como argumento para profundizar en la misma solución.
Aquí aparece la izquierda de nuestros días. Al perder peso la antigua arquitectura de clase, propiedad, producción y conflicto laboral, una parte de la izquierda encontró en el feminismo radical un sistema completo de interpretación moral de la sociedad.
Ya no necesita identificar mecanismos económicos concretos para cada desigualdad. Puede ordenar la realidad mediante categorías previas, como privilegio, opresión, estructura, socialización, víctima y agresor.
El resultado es políticamente perfecto. El patriarcado diagnostica, el machismo demuestra y el feminismo prescribe. La propia doctrina define el problema, identifica sus síntomas y certifica la necesidad de ampliar su influencia.
Por eso el debate resulta tan difícil. Ya no discutimos únicamente sobre discriminaciones concretas, leyes o estadísticas. Discutimos sobre un marco que ha aprendido a interpretar incluso sus contradicciones como pruebas de su propia validez.
Y una teoría que siempre termina recomendando más de sí misma debería, como mínimo, despertar nuestra curiosidad.
La teoría que no puede perder
En términos de Karl Popper, el problema aparece cuando una teoría deja de ser falsable. Es decir, cuando no podemos imaginar ningún resultado posible que obligue a reconocer que quizás esa teoría estaba equivocada.
Pensemos en frases como "El universo conspira para que seas feliz". Si consigues trabajo, el universo te estaba ayudando. Si te despiden, necesitabas abandonar ese empleo para encontrar tu verdadero camino. Si conoces al amor de tu vida, era el destino. Si te abandona, el universo estaba apartando de ti a quien no te convenía.
La teoría nunca pierde. No porque haya demostrado su verdad, sino porque cada acontecimiento es reinterpretado después para protegerla.
Algo parecido puede ocurrir con el patriarcado cuando se convierte en explicación universal. Si los hombres ocupan los puestos de poder, demuestra el privilegio masculino.
Si los hombres son mayoría entre los presos, los suicidas, las personas sin hogar o los muertos en accidentes laborales, demuestra que el patriarcado también perjudica a los hombres.
Si una mujer denuncia opresión, confirma la teoría. Si dice no sentirse oprimida, puede haber interiorizado el machismo. Si un hombre rechaza el feminismo, protege sus privilegios. Si lo acepta, reconoce finalmente la estructura que le beneficiaba.
¿Qué tendría que ocurrir para demostrar que el patriarcado no explica un fenómeno concreto?
Si la respuesta es que absolutamente nada, ya no estamos utilizando el concepto como una hipótesis que compite con otras explicaciones. Estamos utilizando un marco capaz de absorber cualquier resultado posible.
Eso no significa que el machismo no exista, que las mujeres no hayan sufrido discriminaciones históricas o que ninguna desigualdad actual pueda tener causas estructurales. Significa algo mucho más sencillo, que una explicación debe aceptar la posibilidad de no ser la explicación total.
La clase social, la biología, los incentivos económicos, las leyes, la educación, la personalidad o las decisiones individuales también existen.
Una teoría seria debe permitirnos descubrir cuándo interviene cada factor y, sobre todo, cuándo nuestra hipótesis inicial era incorrecta.
Porque una teoría que explica una cosa y también lo contrario de esa cosa no necesariamente ha comprendido mejor la realidad. Quizás simplemente ha aprendido a no perder nunca.
El presidente del Gobierno, @sanchezcastejon, miente sobre las centrales nucleares o demuestra su ignorancia sobre tecnología eléctrica al acusarlas de empeorar el apagón del 28 de abril de 2025.
Las centrales nucleares aportan inercia al sistema eléctrico, ayudando a evitar apagones frente a oscilaciones en la frecuencia, como la que se produjo ayer. En el momento del apagón, la mitad de la potencia nuclear estaba parada, en gran parte debido a los bajos precios de la electricidad y a una desproporcionada carga impositiva sobre las nucleares, que ha aumentado un 71% desde 2019, como explica @PwC_Spain: https://t.co/OmBavzBFIp
@RedElectricaREE, que depende del Gobierno, fue quien autorizó esas paradas, siendo por tanto responsable de que no hubiera suficiente potencia firme de generadores síncronos que podrían haber evitado el apagón. El informe financiero anual de Red Eléctrica, realizado por Ernst & Young, advierte del riesgo de apagones en España tras el cierre nuclear: «Mayor dificultad en la operación del sistema: reducción de potencia firme y capacidades de balance y mayor riesgo de incidentes en la operación que puedan afectar al suministro». Informe número 20462, fechado el 26/02/2025 y publicado por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV): https://t.co/DHQdSYO42y
El Consejo General de Colegios Oficiales de Ingenieros Industriales, @CGCOII, también advirtió al Gobierno que cerrar las centrales nucleares aumentaría la inestabilidad del sistema por la pérdida de potencia firme, así como las emisiones de dióxido de carbono y el precio de la electricidad, debido a su sustitución por centrales de gas: https://t.co/7LXoHceVEg
Cuando las centrales nucleares se desconectan de la red, pasan a alimentarse de ella. Al producirse el apagón, arrancaron automáticamente sus generadores diésel, proporcionando energía a todos sus sistemas esenciales y de emergencia hasta que se recuperó el suministro eléctrico. Lo explica el @CSN_es en su nota de prensa nº 1: https://t.co/g1sNNZuzSp
El mix eléctrico español es equilibrado y cada tecnología cumple una función. Las centrales nucleares no están diseñadas para restablecer el servicio tras un apagón (tampoco lo están la eólica o la solar fotovoltaica), pero sí ayudan a evitarlos gracias a su aportación de inercia, como he explicado, algo que no hacen las renovables variables.
El poder adquisitivo de los jóvenes cae un 10% y los alquileres suben un 53%. La tasa de emancipación se ha reducido (del 70% al 74%) y cada vez se produce más tarde. Ser soltero se vincula a una reducción del 75% en la probabilidad de emanciparse https://t.co/RdvvCp7cTi
📝Firmamos este artículo de opinión en el que exponemos las problemáticas del colectivo predoctoral y del programa #FPU en particular. Interpelamos directamente a @DianaMorantR y @CienciaGob✊🏼
¡Muchas gracias a @publico_es por darnos espacio!😊 Comparte!
https://t.co/Pd0YQd8rsp
Yo no soy experto, así que me niego a opinar, porque doy por hecho que se ha hecho todo lo posible material y humanamente, sobre todo humanamente ❤️. Pero visto lo visto, no basta. Lo quemado, quemado está, pero que esta desgracia no sea en vano. Que sea un punto de inflexión para todos los organismos y politicos implicados, y que en la próxima carrera contra el fuego, ganemos nosotros. Muchísimo ánimo a los medios que están dejándose la piel allí arriba, y a todos los desalojados. ÁNIMO, FUERZA y ESPERANZA ❤️.