Ayer con @marcuscarus hablando sobre ciudades, crisis y esperanza en @EfectoDopplerR3
El programa se puede escuchar aquí, a partir del minuto 40: https://t.co/KUk4FJUfBW
España, 1931:
Tienes quince años y pillas la tuberculosis. Te llevan a un sanatorio en un remoto paraje de la sierra. Vas a pasarte —te dicen— un año encerrado.
¿Qué haces?
Le sucedió a Cela y se refugió donde pudo: en la biblioteca del sanatorio. Postrado en la cama, devoró clásicos, ensayos, poesía, filosofía… Aquello cambió su vida.
Pero un chaval de los años 30 mirando el techo postrado en la cama no tenía muchas opciones.
Nosotros, en cambio, tenemos entretenimiento digital infinito y acceso instantáneo a todo el conocimiento de la historia de la humanidad.
¿Qué sabes de Schopenhauer?
Yo, nada. Decidido a ponerle remedio, me dirijo a YouTube, que está lleno de charlas y documentales. Pero la mayoría son —no buscaré un eufemismo— basura.
Casi todos los contenidos culturales que encuentro en internet son productos de entretenimiento. Épicas recreaciones cinematográficas diseñadas para pasar el rato.
Es el signo de los tiempos: fast food intelectual que te hincha pero no te alimenta. ¡Qué estadounidense es esto! Contar la historia como si fuese una película de Hollywood.
Pero yo no quiero historias de Disney con buenos, malos y una princesa. Yo no quiero asombrarme, ni emocionarme, ni entretenerme. Yo quiero aprender de visiones que ensanchen mi instalación en el mundo. Y quiero rigor. No quiero ser un consumidor pasivo de sofá; estoy dispuesto a hacer un esfuerzo intelectual.
Pero, ¡ay! no puedo leerme las 880 páginas de «El mundo como voluntad y representación». Yo no estoy postrado en la cama de un sanatorio, mirando el techo. Yo no tengo una eternidad por delante. La vida me arrastra por otras sendas cada mañana, a las siete de la mañana.
¡Hace mucho que una vida entera ya no basta para leer todo lo interesante del mundo!
Cuesta mucho encontrar en línea contenidos culturales de calidad, pero de vez en cuando aparece, entre la basura, una hebra de oro.
La Fundación @la_march_madrid publica en su canal de YouTube unas excelentes conferencias. Bien preparadas; de expertos que no temen ahondar cuando toca.
Me he visto ya varias. Y aunque sigo siendo un ignorante, ahora ignoro un poco menos sobre Schopenhauer.
Es muy difícil encontrar buenos contenidos culturales. Así que sirva esta reflexión como humilde agradecimiento público a la Fundación Juan March y a su director, @JavierGomaL.
(Y si conocéis otros yacimientos similares naufragados en las procelosas aguas de estos mundos digitales… ¡compartidlos en los comentarios! Que con mucho agradecimiento tomaré nota de todo).
❤️
Este miércoles 22 de octubre inauguramos Progreso, mi expo de metáforas visuales. Un pequeño recorrido por la ética del siglo XXI, era de selfies y likes.
Habrá picoteo y un fantálogo* de regalo.
*fanzine + catálogo = fantálogo
@JaimeObregon Llevamos veinte años digitalizando el país con horror, y ahora comenzamos de nuevo con la “artificialización”. Ya he empezado a ver sus efectos
Historia Ilustrada del Confinamiento se publicó a las puertas del verano, así que vamos a aprovechar el estreno del curso académico para darle a su difusión el empujoncito que se merece. ¡Permanezcan sintonizados!
#pixel
Por ahora no puedo etiquetar mi nombre artístico, Marcus Pixel, sin que la campaña de Google me añada este emoticono de su móvil. Qué cosas. ¿Qué será lo siguiente? ¿Qué valor tiene ya el lenguaje?
El flautista de iAmelin
#marcus pixel (no pongo “pixel” con hashtag porque esta red social tiene una campaña de google que te cambia Pixel por un emoticono de un móvil comercial. Hasta aquí hemos llegado)