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“Fue, por encima de todas las cosas, un ser humano raro y único y no volveremos a ver a alguien igual”
La amistad que tuvieron Alan Rickman y Emma Thompson sigue siendo inmortal, pero no fue cosa de un día, ni de dos, sino de años de trabajo. La química que ambos desprendían en “Sentido y sensibilidad”, o en “Love actually”, fue el fruto de largas y largas conversaciones sinceras de situaciones que ellos vivieron en la vida real.
Se cuenta que cuando el matrimonio de Emma Thompson con Kenneth Branagh terminó, fue Rickman quien apareció con una botella de vino y se sentó con ella toda la noche, hablando muy poco, preguntando aún menos. No le ofreció ningún consejo a menos que ella se lo pidiera. Ella no necesitaba ser fuerte con él, y él no le exigía que se mostrara valiente. Años después, ella le escribió una carta diciendo: “Me salvaste sin intentarlo. Y ese es el tipo de amor en el que más confío”
Su vínculo era inquebrantable incluso cuando Rickman mantuvo en secreto su enfermedad. Durante mucho tiempo, optó por contárselo a muy poca gente. Thompson, sin embargo, supo que algo andaba mal, y una tarde, durante el rodaje de un cortometraje benéfico, se lo contó. Guardaron silencio durante un rato. Ella solo dijo: “De acuerdo. Entonces, lo superaremos juntos”.
Sus conversaciones en esos últimos años fueron más vulnerables, más abiertas que nunca. Rickman, conocido por su reserva, comenzó a compartir recuerdos, arrepentimientos y esperanzas con Thompson. Ella le dijo que lo había amado desde el principio, aunque nunca habían cruzado la línea de la amistad. Él rió y dijo: “Me habrías arruinado”, a lo que Emma respondió: “No, Alan. Te habría curado”.
Cuando Rickman falleció en 2016, Thompson publicó una carta que revelaba la profunda emotiva amistad que mantenían, e incluso, visita cada año la mesa del café donde se sentaba con Alan Rickman, pidiendo dos tés y hablando como si todavía estuviera escuchando.
Sin duda, esta es una de las historias más bonitas sobre la amistad que haya leído nunca, y por eso he decidido compartirla con ustedes🥹💔
Pues he dudado un poco en publicar estos datos que me ha mandado la distribuidora esta mañana (no quería amargar el sábado a mis haters…)
Pero sé que, todos los que me habéis ayudado a hacerlo posible, os vais a alegrar! 😉
José Sacristán declamando “Tití me preguntó si tengo mucha’ novia’” es lo mejor que le ha pasado a Bad Bunny este año, no la Super Bowl.
#AlMargenDeTodo
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¿Porqué van de luto los vecinos de San Vicente?
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#Entroido#Galería
A los 39 años todavía tenía que revisar mi cuenta bancaria antes de invitar un café. No era un “artista joven y bohemio” con todo resuelto; era un actor luchando por abrirse paso. Pasé años sirviendo mesas en Nueva York mientras iba de audición en audición, tratando de que mi carrera despegara.
Mi camino fue largo. Iba de Nueva York a Los Ángeles y de regreso, buscando oportunidades, haciendo castings, recibiendo rechazos. Año tras año escuchaba que no encajaba, que era demasiado esto o muy poco aquello. A veces, ser latino en esta industria hacía todo aún más complicado.
Hubo momentos en los que pensé seriamente en rendirme. Me preguntaba si tenía sentido seguir persiguiendo un sueño que parecía tan lejano. Después de tantos años sin resultados, sentía que tal vez ya era demasiado tarde para mí.
Viví muchas noches de duda, de cansancio, de preguntarme si debía soltar esa ilusión. Había muchas razones para hacerlo: la incertidumbre, el dinero, el miedo al fracaso. Pero algo dentro de mí no me dejó parar.
Con el tiempo, sin darme cuenta, todo empezó a cambiar. Llegaron las oportunidades, los proyectos grandes, el reconocimiento. Mi rostro apareció en pantallas de todo el mundo y mi carrera tomó un rumbo que jamás imaginé.
Hoy entiendo que el éxito no tiene horario. No existe eso de “llegar tarde”. Cada quien tiene su propio ritmo, su propio proceso, su propio momento.
Si el triunfo hubiera llegado demasiado pronto, quizá no habría sabido sostenerlo. Llegó cuando ya sabía quién era, cuando había aprendido a resistir, a caer y a levantarme sin perderme.
Si hoy sientes que vas atrasado, que la vida se te está escapando, recuerda esto: tu historia no ha terminado. A veces, los caminos más largos forman a las personas más fuertes.
Apenas estás en el segundo acto.
Pedro Pascal
✦ Hoy, nos sumamos esperanzados a la búsqueda de 𝗕𝗢𝗥𝗢 ―el perrito que viajaba con su familia en el horrible accidente ferroviario de Adamuz y que, desde entonces, permanece desaparecido―
Ayer preferimos no incidir. Había demasiada información sin contrastar, demasiados bulos… y en medio de una tragedia tan profunda, sentimos que lo más prudente era esperar.
Hoy, desde el respeto y la verdad, ayudamos a difundir su búsqueda
Si alguien lo ha visto, si tiene cualquier pista, agradeceríamos que lo comunicara. Cada dato cuenta.
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Gracias por leer, por compartir y por mantener la humanidad incluso en momentos tan difíciles. Y a las víctimas, sus familias y todas las personas que están viviendo un dolor imposible de medir… nuestro corazón está con ustedes, ojalá encuentren consuelo y fuerza en estos momentos tan oscuros 🖤
Estamos dejando morir la sanidad pública.
La estamos dejando morir despacio,
sin ruido de sirenas,
sin titulares que duelan lo suficiente.
La dejamos morir en listas de espera eternas,
en consultas de cinco minutos,
en profesionales exhaustos que ya no pueden más
aunque quieran darlo todo.
La sanidad pública no cayó del cielo.
No fue un regalo.
Fue una conquista.
Costó décadas de lucha, de acuerdos, de impuestos compartidos,
de la idea radical de que la salud no es un lujo,
sino un derecho.
Que enfermar no debería significar arruinarse.
Que nacer pobre no debería condenarte a morir antes.
Y sin embargo hoy la tratamos como algo prescindible.
Como si fuera un gasto molesto
y no una inversión en dignidad.
Yo llevo más de media vida enferma.
He visto la sanidad desde dentro,
desde la camilla, desde la bata abierta por detrás,
desde el miedo antes de una prueba,
desde el alivio cuando alguien te mira a los ojos
y te cree.
Y lo digo claro: así como está ahora, es deplorable.
No por su gente. (Hay de todo, cómo en todos lados)
Nunca por su gente.
Porque hay médicas, enfermeros, auxiliares, celadores, técnicos
que siguen tirando del carro con el cuerpo roto.
Que se saltan descansos.
Que cargan con más pacientes de los que pueden atender dignamente.
Que se van a casa con culpa por no haber llegado a todo.
Gente competente, vocacional, humana…
a la que el sistema está asfixiando.
No es que no quieran.
Es que no les dejan.
Un sistema diseñado para aguantar lo justo,
para parchear en lugar de cuidar,
para empujar a quien puede a la privada
y abandonar a quien no.
Un sistema que normaliza el colapso
y llama “incidencia puntual”
a lo que ya es estructural.
Mientras tanto, los enfermos aprendemos a esperar.
A esperar citas.
Resultados.
Derivaciones.
Respuestas.
A esperar incluso cuando el cuerpo ya no puede esperar más.
Y lo más peligroso de todo
es que nos estamos acostumbrando.
A que funcione mal.
A que duela.
A que falle.
Pero la sanidad pública es uno de los últimos lugares
donde aún somos iguales.
Donde tu cuenta bancaria no debería decidir
si te salvas o no.
Dejarla caer es romper el pacto más básico de una sociedad:
cuidarnos.
Defenderla no es ideología.
Es supervivencia.
Es memoria.
Es respeto a todo lo que costó construirla
y a toda la gente que hoy sigue sosteniéndola con las manos desnudas.
Yo no hablo desde un despacho.
Hablo desde un cuerpo enfermo
que necesita una sanidad pública fuerte para vivir.
Y como yo, millones.
No la dejemos morir.
Porque cuando muera del todo,
no podremos curar
la herida social que quedará.
Noah Higón @GVAsanitat@sanidadgob #EnfermedadesRaras
Se cumplen 33 años del estreno de Drácula De Bram Stoker (1992)
“He cruzado océanos de tiempo para encontrarte”
Semejante maravilla nos regaló Francis Ford Coppola.
¿Dónde están los fans?