Resulta que producto de mi tristeza, le dije a mi mamá que pronto iba a adoptar una perra. Porque el vacío que siento es tan grande que a veces parece como si me fuera a consumir.
Eso me dio paz. Porque cuide a mi perro más que a mí misma. En las mañanas y las noches sigo buscándolo, pero me aferro a esos detalles, y que si ya no está, es porque no se podía más, era hora... y ya.
El día que Firu se fue, mientras estábamos en el consultorio del veterinario, vi la estantería con muchos medicamentos... Y empecé a reconocer todos los que Firu usó durante su vida, las dosis y recomendaciones.