Hay personas que lograron superar sus peores momentos gracias a un perro que insistía en salir a pasear o a un gato que nunca dejó de acostarse a su lado. No son mascotas, son familia, y no pienso discutirlo.
Hoy murió mi perro. Mi mamá, que no quería tener animales y se enojó conmigo cuando Zeus llegó, hoy me abrazó y, llorando, me dijo: “gracias por haberlo traído”. Y así es como los perros cambian la vida. Gracias, mi gordo hermoso, por 14 años de puro amor. No sé decir nada más.