Me ha pasado lo que sólo al decirlo me daría vergüenza. Pero es que dieron las seis y media de la mañana y mi cerebro automáticamente se despierta con una idea en la cabeza. La he apuntado. Emocionada, me he puesto a hacer ejercicio intenso durante una hora.
En ese tránsito de tiempo, mi perro dormía. También Juan Carlos dormía. Ahora son las 9 de la mañana y justo se ha despertado preguntándome cómo he dormido. No sé si todo ha sido un sueño o quizá la rutina mañanera más extraña que he tenido, pero tengo ganas de desayunar.
Nada más despertarme me he puesto un jersey rojo. Ahora ya es de noche y salgo del cine. Escaleras, caminos, todos los espacios alborotados. Se trata de una película de Pedro Almodóvar.
No puedo creer que sea viernes y todo lo que ha cambiado la semana. Comencé el lunes sin encontrarme y termino la semana casi adaptada. ¡Estoy contenta, ay!
Estoy atascada.
Atascada en un trabajo que estoy conociendo pero que no me encuentro ni a mí ni le encuentro la más mínima motivación. Es mi tercer día y ya me ha bastado para no estar contenta, llegar con dolores de cabeza infernales y no querer que llegue el día siguiente.