Una de las películas que más me ha impactado (y que más me cuesta volver a a ver) es La Pasión de Cristo de Mel Gibson.
Una película que Hollywood no quería que se hiciera porque nadie se atrevía a financiar un filme rodado en arameo, latín y hebreo, con ese nivel de dureza y ese tema. Gibson se lo tuvo que pagar prácticamente él solo (unos 30 millones de presupuesto) y acabó recaudando más de 600 millones.
Sigue siendo una de las películas independientes más taquilleras de la historia. Incluso el Papa Juan Pablo II la vio en privado antes del estreno y, según fuentes del Vaticano, dijo algo como “Es como fue”.
Al principio Gibson no quería ni ponerle subtítulos. Prefería que se entendiera solo con las imágenes, pero al final cedió porque se perdía demasiado.
Cuando le ofreció el papel a Jim Caviezel, Gibson le advirtió directamente que si lo aceptaba probablemente no volvería a trabajar en Hollywood. Caviezel dijo que sí de todas formas. En la conversación le soltó a Gibson que tenía 33 años y que sus iniciales eran J.C., y Gibson se quedó flipado (“me estás asustando”) y colgó.
Pero lo que más me flipa (y a la vez me pone los pelos de punta) son las cosas que pasaron en el rodaje con Caviezel. El tío lo pasó realmente mal:
Le cayó un rayo. Se le incendió el pelo y más tarde tuvo problemas de corazón relacionados con aquello.
Durante la escena de la flagelación recibió golpes reales por error. Le dejaron una cicatriz bastante grande en la espalda.
La cruz (de más de 60 kg) le cayó encima y le dislocó el hombro. Parte de lo que se ve en algunas tomas no es solo maquillaje.
Rodaron la crucifixión en pleno invierno italiano, con él casi desnudo, viento helado y temperaturas bajo cero. Acabó con hipotermia y neumonía.
Gibson no suavizó nada. Quería que se sintiera el peso físico y espiritual de lo que estaba contando. El resultado es una película tan intensa que en los cines hubo gente que se mareaba, salía llorando o directamente se iba a mitad de la proyección, incluso hubo reportes de personas que se desmayaron. La crítica se dividió entre quienes la consideraban una obra poderosa y quienes la veían como excesivamente dura.
A mí, personalmente, me costaría mucho volver a verla. La he visto dos veces y creo que con eso me basta. Es de esas que ya no se hacen, sin concesiones, con una dureza que no se esconde y con una intensidad que te deja vacío al terminar.
No es perfecta y siempre ha estado rodeada de polémica, pero el impacto que tiene es difícil de igualar. Para mí es de las que marcan profundamente.
¿Vosotros la consideráis una obra maestra? ¿La habéis podido ver más de una vez o también os pasó como a mí?
Tanto dinero que cuestan esos lugares, tan VIP que se supone que son, y tienen a este tipo de cavernícolas que solo van a insultar, dándole el ejemplo al niño que está insultando junto a él. Y eso que el partido terminó en empate.
Jonathan Newell is having his first name and photos scrubbed from the internet share it widely. Winston Lee fled to Korea has been found there. His korean name is LEE JUN HYUNG 이준형. Hold them accountable. Pictured: JONATHAN NEWELL who sent the “free p*ssy” message
Winston Lee one of the Cornell 7 rapists He's the grandson of former Korea prime minister Lee Long
His father, Barton Lee is the Managing Director & Head of Asia for EIG.
His mother, Ji Young Hwang is the President of the Korean American Women's Association in Hong Kong
They are the most privileged elite class in Korea.
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Hoy comienza el otoño.
Mucho antes de que existieran los calendarios, las estaciones se medían mirando la tierra. El otoño era el momento de recoger, guardar y agradecer: vendimiar la uva, secar granos, conservar frutos, curar carnes y prepararse para los meses fríos.
Por eso el otoño siempre ha tenido una relación especial con la cocina. Cambia la luz, baja la temperatura y también cambia nuestra manera de cocinar. Siguen los hongos, las calabazas, las raíces, las nueces, las manzanas y las peras; llegan los guisos, los fondos largos, las fermentaciones y los sabores más profundos.
En México ocurre además algo maravilloso: mientras termina la temporada de lluvias, la milpa madura. Maíz, frijol, calabaza y chile recuerdan que nuestra cocina nació, de observar los ciclos de la tierra.
El otoño no significa que la naturaleza se apague.
Significa que madura.
Y quizá eso sea también cocinar: entender que cada producto tiene su momento y saber esperar hasta que llegue.
Bienvenido, otoño.
Bienvenida la temporada de cocinar más despacio. La temporada cambia. Nosotros también. La cocina comienza en la tierra y el calendario lo escribe el producto #cocinavegetalmexicana