Estarás mucho más en paz cuando entiendas que no vale la pena estresarte por lo que no puedes controlar: lo viejo, lo malo, lo que viene, lo que se queda o se va, lo que otros hacen o dejan de hacer.
Confía en ti y deja que todo fluya.
A medida que uno envejece, se da cuenta cada vez más de que la verdadera felicidad se compone de mañanas tranquilas, un entorno limpio, acostarse temprano, un hogar seguro y personas que no te agoten la energía...
Soy consciente que puedo ser reemplazada; pero mi compañía, mis locuras, mi manera de cuidar, la forma en la que ayudo sin esperar nada a cambio, la atención que doy, lo detallista que soy, mi sentido del humor y mi brillo son cosas propias y únicas.
Y no cualquiera vuelve a encontrarlo, ni a tenerlo
Cuanto más envejezco, más entiendo que estar en paz vale más que cualquier emoción intensa… días sin ruido, un rincón ordenado, dormir sin prisas, sentirme a salvo y rodearme de gente que suma en lugar de restar