LA PARTE DE LA MENINGITIS QUE NADIE TE CUENTA: CUANDO SOBREVIVES
Una niña de 5 años muere en Huelva por meningitis meningocócica.
Y aquí es donde mi trabajo como traumatóloga entra en escena de la forma más chunga posible.
Cuando en 1884 el patólogo italiano Ettore Marchiafava describió la púrpura fulminante asociada a meningococo, lo que vio fue esto: extremidades necrosadas. Dedos negros. Piel que se muere porque las bacterias provocan microtrombos en todos los vasos sanguíneos. Es como si tu circulación decidiera hacer huelga general, pero solo en manos y pies.
¿Sabes qué hacemos los traumatólogos cuando un niño sobrevive a una meningitis meningocócica?
Amputamos.
A veces dedos. A veces manos completas. A veces las dos piernas por debajo de la rodilla. Porque si no lo hacemos, la necrosis se extiende y el niño muere igualmente, pero peor.
Y esta es la parte que nadie te cuenta cuando hablas de meningitis: que ganar no siempre es ganar del todo.
Que hay niños que sobreviven y pasan el resto de su vida adaptándose a prótesis. Aprendiendo a escribir de nuevo. Lidiando con el dolor fantasma.
Explicando en el colegio por qué tienen “esas manos raras”.
No te escribo esto para asustarte. Te lo escribo porque existe una vacuna que evita todo esto. Una vacuna que cuesta menos que tres cafés en Starbucks y que está en el calendario vacunal.
Pero claro, “es que he leído que las vacunas…”, “es que mi hijo tiene un sistema inmune fuerte…”, “es que no creo en la sobremedicación…”.
Pues vale.
Yo tampoco creo en amputar niños. Pero aquí estamos.
Me emociono recordando estos casos. El sistema inmune de esa niña perdió. Y no hay vuelta atrás.
#LaTraumatologaGeek
a veces realmente me dan ganas de decirle a la gente cuando organices tu vida y te comportes como un adulto funcional me avisás, pero solo digo:
jajaja