Les juro que es horrible tener que luchar con tu propia cabeza, un día estás súper bien y al otro no tienes ganas de nada, te sientes estresado, cansado y sin ganas de nada.
La gente cree que la depresión es llorar y estar triste todo el tiempo. A veces es despertar sin sentir nada, tener la cabeza llena y no poder pensar. Nada te importa, nada te mueve, nada te alcanza. No lloras porque ya ni eso te sale. Atrapado en ti mismo, sintiéndote vacío.
Hay una profunda tristeza en darte cuenta de que estabas amando a alguien que nunca te amó de verdad, en cambio disfrutaban de tu presencia, de tu lealtad, de tu cuerpo, de tu consuelo, pero nunca cargaron con tu corazón con el mismo cuidado con el que tú cargaste el suyo.
La depresión funcional también existe. Trabajas, bromeas, cuidas a los que te rodean, te arreglas y sigues como si nada estuviera pasando; pero mentalmente te estás ahogando en tus propios pensamientos y nadie lo sabe.
Si yo llego a sentir amor nuevamente, espero enamorarme de alguien que si tenga ganas de estar conmigo y me lo demuestre siempre, ojalá sea mi último amor.
A veces lo más sano es dejar de insistir en personas que no muestran el mismo interés, no porque hayan dejado de importarte, sino porque también tienes que aprender a elegirte cuando a ellos ya no les importa.
Obligarte a no buscar a la persona con la que más deseas hablar te consume por dentro. Cada parte de ti quiere escribirle, llamarle o saber de ella/él, pero eliges el silencio porque entendiste que hay personas que extrañas y, aún así, no deben volver a tener acceso a ti.
Hay cosas que no necesitan explicarse: se nota cuando realmente importas y también cuando ya no ocupas un lugar en la vida de alguien. Las acciones, la atención y la forma de estar siempre terminan diciendo la verdad.
Ninguna mujer quiere estar todo el tiempo gritando, discutiendo, rogando o derrumbandose. Ella quiere ser alegre, tranquila y femenina. Pero eso solo florece cuando hay seguridad, constancia, presencia y responsabilidad emocional.
Ultimamente, mi mayor deseo es que los planes de Dios coincidan con los míos, pero si no es así, que prepare mi mente y mi corazón para aceptar con fe todo aquello que tenga preparado para mi vida.
La madurez me enseñó que no necesito saberlo todo ni tener respuestas para cada cosa. A veces basta con observar en silencio las acciones de las personas, entender lo que muestran y, a partir de ahí, poner límites que protejan mi paz.
Jamás entenderé la falta de sensibilidad de algunos ante los sentimientos ajenos. Lo que para ti puede ser insignificante, para otro puede significar un mundo. No se trata de cargar con emociones que no te corresponden, sino de respetarlas y tener un mínimo de consideración.
No le prohíbas a nadie hacer lo que quiera. Dale libertad y observa qué elige cuando nadie lo obliga a quedarse, a cuidar o a respetarte. Ahí conocerás su lealtad, su carácter y la verdad de lo que siente; porque la libertad no cambia a las personas, simplemente las muestra.