Tengámonos paciencia, los dos venimos de pasados desastrosos, de amores decepcionantes, de emociones insatisfechas. Tengámonos paciencia, perdóname mi miedo. Yo te perdono tu prisa.
Eres como tratas a tu mamá, como tratas al vigilante o al mesero, eres la sonrisa que le regalas a un extraño, la promesa que cumples, el “ven yo te ayudo”, el “discúlpame si te hice daño”. Eres lo que eres cuando nadie te ve. No eres nada de lo que tienes, eres todo lo que das.
Tenía la creencia de que si no te metías con nadie, nadie se metía contigo. Pero no es así, porque hay gente a la que le molesta tu felicidad, tu físico, tu esencia, tus gustos, qué haces y que dejas de hacer.