Ojalá que todo fuese una pesadilla de la que poder despertar. Aquel día algo se rompió y desde entonces no he vuelto a ser yo. No hay día que no me acuerde de ti, que no nos imaginé riéndonos o contándonos las paridas que nos habían pasado ese día, porque contigo todo era
felicidad y buena vibra. Ha pasado ya un año y sigo teniendo en mi cabeza la última sonrisa que me regalaste, tu voz y sé que siempre las voy a recordar porque me dan la vida en esos momentos en los que necesito sentirte más cerca. Sé que me sigues los pasos.