Se puede perder. Ser del equipo de tu tierra da más tristezas que alegrías, lo sabemos.
El crecimiento de la afición, pese a los fracasos de los últimos años, es alucinante. La comunión que se ha formado con la plantilla, emociona.
Pero, si algo enfada, y mucho, es que Rubi se vaya de Almería con millones en los bolsillos y sin siquiera pedir perdón después de dos fracasos que, en gran parte, son su culpa.
Pase lo que pase, Almería ya ha ganado.
Este equipo ha conseguido despertar una ilusión que permanecía dormida en algún rincón del corazón rojiblanco.
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Han sido unos minutos de época. Qué remontada cuando no dábamos un duro, qué ambiente, qué unión. Qué ganas de seguir adelante, chaval. Llevaba muchísimos años sin vivir un rato así en el estadio.
Qué vergüenza. Jugándote la vida y parece que es el Sporting el que tiene todavía algo en juego. Es indigno. Con más de 300 aficionados desplazados y tragándose semejante esperpento. El enésimo planteamiento perdedor perpetrado entre entrenador y jugadores. Basta ya.