Haber tenido un gobierno de Petro y tener a la mitad del país creyendo en Cepeda, es un logro gigante de la izquierda, teniendo en cuenta lo facha, goda, derechoza, conservadora, religiosa y paraca que ha sido toda la vida Colombia.
Fuimos siempre minoría, hoy somos la mitad.
Esto que dijo Iván Cepeda en el streaming con Yeferson Cossío es muy cierto: —"hay una violencia a la clase baja del país, y cuando ésta sale de allí se avergüenza de haber pertenecido a esa clase baja y lo manifiestan en distintas formas."
El mejor ejemplo de ésto son los futbolistas y cantantes de origen humilde, que por vergüenza a haber sido pobres reniegan de esa misma clase una vez tienen éxito en sus vidas; les es más difícil pensar colectivamente ya que la vida cómoda que llevan les sesga esa visión colectiva.
Por eso no debemos percibir como raro que cantantes y futbolistas apoyen a la derecha: se les olvidó de donde vienen y les da vergüenza.
La decisión de @BancoRepublica de subir la tasa de interés de 10,25% a 11,25% soporta varios análisis críticos:
1) El espacio entre inflación y tasa de interés evidencia la posibilidad de haber analizado una reducción de tasa como se ha venido pidiendo desde diversos sectores, especialmente, desde el gobierno. Este llamado ha sido acompañado por las centrales sindicales, incluso, algunos gremios; pero el @BancoRepublica no ha querido atender estos llamados y ha elegido la ruta contraria: elevar la tasa de interés, olvidando que la política monetaria también desde responder a la coordinación de políticas como lo indica la Constitución. Gráfico 1.
2. La tasa de interés es un instrumento que sirve para detener presiones inflacionarias cuando ellas son de carácter de demanda. No obstante, para el caso colombiano actual eso no se evidencian presiones de este tipo, por lo tanto, aumentar es inocuo.
3. Claramente existe una convergencia en la inflación de alimentos, alojamiento y transporte hacia el promedio (5,2%). Gráfico 2.
4. El aumento del salario mínimo vital del 23% no produjo inflación como lo habían anticipado algunos catastrofistas. Tampoco produjo desempleo, al contrario, sigue disminuyendo y justo ayer el @DANE_Colombia reveló que en febrero 2026 bajó a 9,2% cuando hace un año fue 10,3%.
5. Lo que está evidenciando el aumento del salario es mayor dinámica económica en sectores distintos al sector extractivista. Esto refleja una transición económica y productiva, ya que desacopla la economía de los sectores que no son intensivos en mano de obra. Gráfico 3.
6. Subir la tasa de interés en estos momentos representa un riesgo para la buena dinámica económica, la inversión y la recomposición de tecnología que pueden estar haciendo algunos sectores o empresas. Pone en riesgo procesos de reindustrialización y frena a quienes aspiraban continuar haciendo inversión.
7. En síntesis, La decisión del Banco de la República refleja una racionalidad monetaria ortodoxa que, bajo el discurso de control inflacionario, traslada el costo del ajuste a hogares, trabajadores y sectores productivos, priorizando la estabilidad financiera sobre la recuperación económica y la función social del Estado.
Considero que el debate lo acaba de abrir el mismo @BancoRepublica quien siempre a invocado su independencia: ¿Cuál es el alcance de la misma? ¿Sostener que una entidad es independiente equivale a no cumplir la coordinación de políticas que estable la Constitución? ¿Cuándo o en qué momento el @BancoRepublica decide coordinar políticas?
El debate está abierto...
La discusión no es si el Banco de la República debe ser autónomo. La cuestión de fondo es otra: si la decisión adoptada es proporcional y técnicamente consistente con la dinámica actual de la inflación.
Hay tres elementos de la teoría económica que son clave para entender el debate:
Primero. La política monetaria no actúa de manera inmediata. Sus efectos operan con rezagos largos y variables. Esto significa que buena parte del impacto de las alzas previas de la tasa aún no se ha materializado plenamente en la economía. Endurecer adicionalmente la postura sin observar esos efectos introduce un riesgo de sobreajuste.
Segundo. El mecanismo de transmisión de la tasa de interés no es simétrico. La evidencia empírica muestra que el aumento de tasas se transmite más rápido al crédito, la inversión y el consumo que a la reducción de la inflación. En otras palabras, la economía se enfría antes de que los precios respondan en la misma magnitud.
Tercero. No toda inflación responde de igual manera a la política monetaria. Cuando existen componentes asociados a costos, choques externos o mecanismos de indexación, el aumento de tasas pierde eficacia relativa. En estos casos, el costo en términos de menor actividad y empleo puede ser mayor que el beneficio en reducción de la inflación.
En este contexto, elevar la tasa al 11,25% implica profundizar una postura ya restrictiva y llevar la tasa real a niveles elevados. La pregunta es técnica no es ideológica. ¿El beneficio adicional en desinflación compensa el costo sobre la producción, el crédito y el empleo?
Respaldar la posición del @MinHacienda, Germán Ávila, no es cuestionar la autonomía del Banco. Es plantear un debate legítimo sobre la calibración de la política monetaria; su oportunidad, su intensidad y su coherencia con la estructura real de la inflación.
Porque la eficacia de la política monetaria no se mide por su dureza, sino por su capacidad de estabilizar la economía sin deteriorar su base productiva.
𝐘 𝐒𝐄 𝐍𝐎𝐒 𝐕𝐀 𝐏𝐄𝐓𝐑𝐎
Así, sin incendio final, sin Apocalipsis en vivo por RCN y Caracol, sin expropiarnos el perro ni el televisor. Se nos va Petro… y el país sigue ahí, terco, respirando.
Se nos va Petro y resulta que no era el fin del mundo, sino apenas el fin de una costumbre: gobernar a punta de miedo. Se nos va Petro y el uribismo, ese señor que gritaba desde el balcón, quedó hablando solo, peleando con su propio eco. Uribe derrotado, no por un enemigo armado, sino por algo peor: el tiempo y la gente cansada.
Se nos va Petro y, vea pues, Colombia habló de paz sin pedir permiso. Se habló de derechos sin bajar la voz. Se habló de deberes sin sacar el bolillo. Se nos va Petro y la guerra dejó de ser el orgullo nacional, esa medalla manchada que siempre nos colgaban al cuello.
Se nos va Petro y el mundo nos miró distinto. No como nota roja, no como novela de narcos, sino como país que intenta pensar. ¡Pensar! En Colombia. Eso sí es revolución silenciosa.
Se nos va Petro y no dejó un milagro, dejó algo más peligroso: bases. Lenguaje. Discusión. Preguntas incómodas. La idea —ay, la bendita idea— de que gobernar no es mandar, sino responder. De que la dignidad no es discurso, sino postura.
Se nos va Petro y no llegó el comunismo intergaláctico, pero sí llegó la empatía al micrófono oficial. Se habló del pobre como persona, no como sospechoso. Se habló del campesino sin usarlo de postal. Se habló de soberanía sin arrodillarse ni gritar.
Se nos va Petro y la derecha ya no es eterna, ya no es destino manifiesto, ya no es “así ha sido siempre”. Nunca más la derecha como única opción, como amenaza, como papá regañón de la república.
Se nos va Petro y Colombia avanzó, no corriendo, no perfecta, pero de pie. Con errores, claro —esto fue gobierno, no catecismo—, pero con una fuerza rara: la esperanza sin ingenuidad.
Se nos va Petro…
pero no se va la decencia.
No se van los principios.
No se van los valores.
Y ahí queda Iván Cepeda, dejando claro que la política también puede tener memoria, ética y palabra. Queda el camino de la mano del pueblo, sin atajos de sangre ni discursos de odio. Queda la dignidad como norte y la historia abierta, por fin, sin dueño.
Porque se nos va Petro, sí…
pero el país ya aprendió a caminar.
Gracias @petrogustavo
#PetroLiderMundial
(Tomad de internet).