Leer un libro exige algo cada vez más escaso: tiempo, atención y silencio. Pero a cambio te deja una herramienta poderosa: criterio propio. Ordena la mente, amplía la mirada y te hace menos dependiente del ruido ajeno.
Siéntete en paz sabiendo que las cosas eventualmente saldrán bien, incluso cuando no sepas cómo ni cuándo. Todo lo que puede hacer es confiar y esperar lo mejor a medida que todo se desarrolla.