Fuera de hora... La Argentina de los privilegios
Hoy me entero de que uno de los Menem percibe una jubilación de privilegio de aproximadamente 41 millones de pesos por mes. Unos 28.000 dólares mensuales.
No es la cifra lo que más indigna.
Lo que indigna es el contraste.
Hace unas horas, revisando viejos discos rígidos, encontré una carta que mi padre le había enviado al entonces presidente Carlos Saúl Menem. También apareció otra dirigida a Sergio Massa.
Mi padre había trabajado casi cuarenta años. Cuarenta años de aportes. Cuarenta años levantándose temprano, cumpliendo horarios y sosteniendo a su familia con el fruto de su trabajo.
Hasta que un ACV terminó con su vida laboral.
La incapacidad fue certificada. Los aportes estaban. Los años trabajados también.
Sin embargo, el Estado decidió que aquel hombre que había contribuido durante toda una vida debía conformarse con la jubilación mínima por invalidez de la época: alrededor de 200 dólares mensuales.
Apenas una fracción de lo que le correspondía según sus aportes.
Y ahí aparece la verdadera grieta argentina.
No la que se discute todos los días en televisión.
La otra.
La que separa a quienes viven de su trabajo de quienes viven de los privilegios del poder.
Al ciudadano común le exigen décadas de aportes, certificados, trámites interminables y una paciencia infinita para cobrar, muchas veces, una jubilación que apenas alcanza para sobrevivir.
Pero existe otra Argentina.
La de las jubilaciones especiales. La de los beneficios excepcionales. La de las reglas hechas por políticos para políticos. La de una clase dirigente que, gobierne quien gobierne, siempre encuentra la manera de garantizarse condiciones que jamás aceptarían para el resto de la sociedad.
No estoy cuestionando que alguien cobre una buena jubilación si la ganó con el esfuerzo de toda una vida y aportó en consecuencia.
Estoy cuestionando el privilegio.
Porque una República no puede sostenerse sobre ciudadanos iguales ante la ley... y una élite política que juega con un reglamento distinto.
Mi padre nunca ocupó un cargo público.
Nunca tuvo fueros.
Nunca tuvo asesores.
Nunca tuvo chofer.
Nunca tuvo custodios.
Nunca tuvo privilegios.
Solo tuvo algo que, en la Argentina, parece valer cada vez menos: el orgullo de haber trabajado toda su vida.
Lo paradójico es que muchos de los que construyeron este sistema de privilegios todavía hablan de igualdad, justicia social o de combatir a "la casta".
Pero la casta nunca desaparece cuando cambia un gobierno.
La casta desaparece el día en que ningún dirigente pueda acceder a beneficios que un ciudadano común jamás podría obtener.
Mientras eso no ocurra, todo discurso contra los privilegios será apenas eso: un discurso.
Y los argentinos seguiremos viendo la misma escena de siempre.
El que trabajó cuarenta años mendigando lo que aportó.
Y el poder político garantizándose beneficios que millones de trabajadores jamás podrán soñar.
El Tío Pedro
Tucumán 🇦🇷
28/07/2026
Hoy, desde la Expo Rural, la Fanfarria Militar quiso rendirle este sencillo homenaje.
Porque hay equipos que trascienden los resultados y quedan para siempre en el corazón de los argentinos.
Los campeones inspiran. Las leyendas permanecen. Gracias, @Argentina 🇦🇷
No existe ninguna tradición mundialista ni protocolo que obligue al subcampeón a quedarse mirando cómo el ganador levanta la Copa. De por si, NUNCA se quedan. En 2022, Francia recibió sus medallas y se retiró antes del levantamiento argentino. Argentina, de hecho, permaneció en el campo durante la premiación de España y estaba saludando a SU publico. Convertir esto en otro escándalo exclusivamente argentino es bastante forzado.
Hoy se juega quizá, el partido con mas historia y mas épica de todos. Todos lo sabemos, todos lo entendemos. Sin embargo, no estamos en los 80s. El contexto, las circusntancias y la vida misma, han hecho lo suyo. Los jugadores de la Selección ya nos han demostrado la garra y los huevos que tienen. Y también nos han demostrado su don de gente fuera de la cancha. Scaloni como líder, ha sabido correrlos de una narrativa que no les pertenece. En un partido de fútbol (que mas allá de la pasión y la Gloria, no deja de ser un juego) no se dirimen territorios ni Naciones. Se miden hombres, habilidad, temple, fuego y... un poquito de suerte. Pase lo que pase hoy: GRACIAS, MUCHACHOS. Ya hicieron todo bien. Nos llevaron a lo más alto con talento, humildad, gracia y pasión. Nos devolvieron la alegría y el orgullo de vestir estos colores. No tienen ninguna deuda con nosotros. Al contrario: somos nosotros quienes les debemos tantos momentos inolvidables.
Hoy jueguen libres. Jueguen juntos. Jueguen como saben. Nosotros, desde acá, vamos a hacer lo de siempre: alentar hasta el último segundo.
VAMOS, ARGENTINA CARAJO! 🇦🇷
Es hora de dejar de hacernos los distraídos.
Hace años que desde varios países vecinos nos miran con desdén: se burlan de nuestra historia, de nuestra cultura y de nuestra identidad.
Pero cuando necesitan un hospital, una universidad de calidad o una oportunidad, la brújula siempre apunta hacia Argentina.
La reciprocidad no puede quedar en un discurso: debe convertirse en política de Estado.
Fronteras ordenadas y controladas, y exactamente los mismos derechos y obligaciones que reciben los argentinos en esos países.
Ni un centímetro más, ni un centímetro menos.
Porque mientras algunos nos insultan desde las redes y las tribunas, los argentinos seguimos financiando con el IVA de un paquete de fideos y con nuestros impuestos, servicios públicos que muchas veces ni siquiera nuestros propios ciudadanos reciben en tiempo y forma.
El Mundial dejó en evidencia el desprecio real que una parte de ellos siente hacia nosotros.
No se trata de odio ni de xenofobia.
Se trata de dignidad nacional y sentido común.
Argentina abre los brazos a quien viene a trabajar, a estudiar y a respetar nuestras leyes.
Pero no puede, ni debe seguir siendo el país que subsidia, con el esfuerzo de su gente, el desprecio de quienes nos escupen.
El Tío Pedro
Tucumán 🇦🇷
10/07/2026