La vida debería tener un botón de pausa para cuando el alma se rompe. Que el mundo se detuviera un instante, que el reloj no avance, que el cuerpo no pida, que nadie espere. ¿Cómo seguir como si no doliera? Como si uno no estuviera recogiendo sus pedazos en silencio.
A dos semanas de terminar mi pregrado, estoy cagada hasta la chimba pero me prometo honrar todo mi esfuerzo y pre-ocuparme cuando sea el momento.
Solo queda de verdad disfrutar mucho el proceso. Una vez tienes las cosas, la felicidad es diferente.