Ser una chica que entrena es una locura.
Una semana estoy convencida de que estoy grande, definida y una máquina de fuerza.
La siguiente semana estoy hinchada, cansada y me siento como una papa.
Terminar una relación no es sinónimo de dejar de cuidar. La distancia no impide proteger la vulnerabilidad que conoces, lo que sabes que le duele y la historia compartida. El cómo te vas de la vida de alguien puede marcar un antes y un después en lo que queda de la suya. Y es totalmente compatible dejar de construir y no dejar de respetar lo que significamos el uno para el otro. Y esto sí que no se borra nunca
Hoy volví a llorar, a veces el corazón
se queda sin palabras y solo sabe llorar. Lloré porque todo pesa, porque el miedo se me sentó al lado y la ansiedad me apretó el pecho como si quisiera recordarme que todavía estoy aquí. Volví a llorar porque no sé bien hacia dónde ir.
Me culparon y me hicieron sentir mal, cuando solo estaba reaccionando al dolor que me causaron. Señalaron mi respuesta, pero nunca miraron lo que aguanté; las veces que me dejé de lado a mí misma, la tristeza que escondí por intentar comprender actitudes que me lastimaban, y por creer, ingenuamente, que algún día iban a cambiar.
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Lo que no es para ti te decepcionará una y mil veces, porque no está alineado con tu valor, tu propósito ni tu paz. A veces insistimos, justificamos, esperamos cambios que nunca llegan. Nos quedamos donde solo hay dudas, migajas o silencios. Pero cuando algo no fluye, cuando duele más de lo que aporta, la vida intenta decirnos algo.
La decepción repetida no es mala suerte, es señal. Es la forma en que la realidad nos muestra que estamos forzando un lugar que no nos corresponde. No todo lo que deseas te conviene, y no todo lo que pierdes es una pérdida. Algunas salidas son protección disfrazada.
Insistir en lo que no es para ti solo prolonga el desgaste emocional. Aprender a soltar es un acto de amor propio. Porque cuando algo es para ti, no tienes que rogar, perseguir ni convencer. Llega con claridad, se queda con coherencia y se sostiene con respeto.
Lo que no es para ti te decepciona para que despiertes. Para que eleves tus estándares. Para que recuerdes que mereces reciprocidad, tranquilidad y verdad.
Aceptar esa lección no es rendirse, es madurar. Y cuando lo entiendes, dejas de insistir y empiezas a elegir mejor.