“En el núcleo mismo del juicio que hace un corrupto se instala una mentira, una mentira a la vida, una mentira metafísica al ser que, con el tiempo, se volverá contra quien la hace. En el plano moral esto es evitado, por los corruptos, proyectando su propia maldad en otros”.
La mariposa madreperla del bosque. Destaca por la coloración iridiscente y traslúcida de sus alas, similar a la concha nácar o madreperla y el reflejo tornasolado que cambia entre tonos verdes y violetas según incide la luz
¿Por qué julio está dedicado a la Preciosísima Sangre de Cristo?🙏
Cada mes del año invita a la Iglesia a profundizar en un aspecto particular de la fe, y julio está consagrado a la Preciosísima Sangre de Cristo, un recordatorio del inmenso amor con el que Jesús entregó su vida por la humanidad. Los católicos creemos que la sangre que Jesucristo derramó en la cruz de modo cruento es la misma sangre sacramental (vino consagrado) presente en la Eucaristía, entregada también, pero de modo incruento.
Esta devoción tiene profundas raíces en la historia de la Iglesia. Su origen se remonta al siglo XIX, cuando el Beato Papa Pío IX vivía exiliado en Gaeta, Italia, durante la primera guerra de independencia italiana. Allí recibió el consejo de Giovanni Merlini, superior de los Misioneros de la Preciosísima Sangre, quien le sugirió extender esta celebración a toda la Iglesia. Poco después, en 1849, Pío IX instituyó oficialmente la fiesta de la Preciosísima Sangre, fijándola inicialmente para el primer domingo de julio.
Con el paso de los años, la celebración fue tomando mayor relevancia. En 1914, San Pío X estableció su conmemoración el 1 de julio, y en 1934 el Papa Pío XI la elevó al rango de Solemnidad con motivo del Jubileo de la Redención. Tras el Concilio Vaticano II, la festividad dejó de formar parte del calendario litúrgico universal, pero la Iglesia conservó esta devoción mediante una Misa votiva que puede celebrarse durante todo el mes de julio, reforzando al mismo tiempo la centralidad de la solemnidad del Corpus Christi.
Hoy, julio sigue siendo una invitación especial para contemplar el sacrificio de Cristo y agradecer el don de la salvación. La Preciosísima Sangre nos recuerda que el amor de Dios se manifestó hasta el extremo, derramándose por cada persona como fuente de vida, esperanza y reconciliación. Contemplar este misterio es renovar la confianza en la misericordia divina y reconocer que, por la sangre de Cristo, fuimos rescatados y llamados a una vida nueva.