Los toros son hoy la vanguardia de una mirada nueva sobre España.
Más libre. Más festiva. Y también más adulta.
Una mirada capaz de aceptar que la vida contiene muerte. Que la belleza importa. Que el coraje es imprescindible. Y que una Nación no es una esencia ni un relato, sino la suma viva de una historia, unos afectos, una cultura y unas lealtades que cada generación recibe y decide renovar.
Ordóñez lo hizo con Ronda. Y a nosotros nos corresponde hacerlo con España.
No una España inventada en un despacho ni decretada desde arriba. Una España reconstruida desde abajo. En las calles. En las plazas. En miles de jóvenes que descubren que heredar no es obedecer a los muertos. Es ejercer la libertad entre los vivos.
Y eso me devuelve, definitivamente, a Proust.
La hora de la verdad no es solo la hora de la muerte.
También es la hora del descubrimiento. El instante en que algo que siempre estuvo delante cobra, por fin, sentido.
Mañana, en este ruedo que ha estado dos años en silencio, volverá a sonar el clarín.
Y entonces no habrá relato posible. Ni propaganda. Ni algoritmos. Ni versiones.
Habrá un hombre.
Un toro.
Y una raya en la arena.
Y llegará, como llega siempre, la hora de la verdad.
Que nos encuentre a tiempo.
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Anoche, pregonera de la Goyesca.
Muchísimas gracias por este honor, @TauromundoRonda