Lo que digo: ok, entiendo tu punto.
Lo que quiero decir: no hay tipo más bruto que usted, no se ha leído un libro, habla todo el día guevonadas, cosas tontas.
estaba pintando con cule sol, no se de donde apareció Michell a tomarse fotos jjajaja le invité fue un boli de un señor que iba pasando, pensé que se iba a fresear pero nada, no copia la reina 😂 un personaje.
Esto no se trata de estar a favor o en contra de Maduro, se trata de estar en contra del intervensionismo gringo, en contra del imperialismo, en contra del saqueo, en contra del genocidio, no hay forma de apoyar la invasión sin ser un tremendo ignorante o una persona ruín.
Hay un relato de una madre en el informe de la Comisión de la Verdad que a mí me taladra el cerebro, me hace llorar siempre. Ayer fui a buscarlo, se llama “Cajita de Huesos,” página 209.
A esa mamá le mataron a dos hijos: Reinaldo y Florentino. El primero, los paramilitares, el segundo, el Ejército.
Ella cuenta que los restos de su hijo, Florentino, los encontraron en una bolsa roja. Luego, dice:
“Había 30 cajoncitos cuando sacaron el de mi hijo. Todos esos huesitos los traen envueltos como en papel mantequilla. Yo les había dado una forma con la cual podían identificarlo.
A él le faltaba una falange y su dentadura era toda platino por dentro. Yo no me podía conformar con eso. A lo que la antropóloga abrió el cajón lo primero que vi fue la calaverita. Él era de cabecita pequeñita. La calaverita de él voy y la agarró, y la antropóloga dice «Doña Socorro, póngase guantes!». «Yo no me voy a poner guantes. Mi hijo lo cargué nueve meses en mi vientre, lo vi caminar, lo vi decirme mamá. Ahora no tengo por qué ponerme guantes, Dios mío».
En ese momento sentía que la tierra me comía. También le hice una oración a Florentino que ya no soy capaz de decirla. No me acuerdo qué fue lo que dije. Ya pa lo último pues le eché la bendición a los huesitos y lo llevamos al cementerio.”
En la guerra nadie gana. Todo es odio, todo es podredumbre. Ese odio se traslada y se ancla en personas, discursos y acciones. No en vano se dice que una maldición de la guerra es que deshumaniza al otro.
Entonces, pasó que en el Congreso uno sin piedad tomó una bolsa, y echó en ella los símbolos con los que mamás como la que en el informe cuentan su historia, honran a sus hijos, les recuerdan y buscan justicia. Qué manera de revictimizar.
La palabra miserableza no es suficiente: lo de ese congresista fue sevicia.