Madurar también implica entender los tiempos de tu pareja.
Reconocer que tiene una vida propia, con rutinas, planes y momentos de soledad, y que eso no disminuye el lugar importante que ocupas en su vida.
Sin ese respeto necesario, cualquier vínculo se debilita y jamás funciona.
Asegúrate de elegir a alguien que piense que todo contigo es importante; tu cumpleaños, tu comida favorita, tus flores favoritas, tu color favorito.
Que tú, en general seas importante.
Al final la felicidad se trata de poder elegir. Lo que sea. Qué libro leer, qué comer, a dónde viajar, con quién compartir el camino. Eso, nada más, nada menos.
Hablan de la soltería como si fuera una tragedia, cuando la verdadera tragedia es gastar tus mejores años con alguien que no suma, no cuida y no te merece. Estar solo no duele tanto como estar mal acompañado.
Piénsalo. Cuando tu mascota entra de otra habitación solo para encontrarte, significa que estuvo en otro lugar por un momento… y decidió venir a verte.
A su manera, su pequeño cerebro pensó en ti. Se preguntó dónde estabas, qué estabas haciendo, y vino a buscarte.
No necesitaba nada. Solo quería estar cerca de ti.
Eso es amor en su forma más pura. Tranquilo, leal y completamente incondicional.
Llegas a una edad donde solo quieres estar al lado de un hombre que ya dejó atrás su etapa de niño, sin mentiras, estable, enfocado en él, en ti y en construir algo sano y duradero.