Esta persona debería tener consecuencias legales y laborales, ¿cómo vas a agredir así a un compañero de profesión porque has perdido un partido? No voy a decir lo que pienso, pero demasiada naturalidad en su agresividad. Ahí lo dejo.
Que superéis ya la colonización putos pesados de mierda. Que han pasado ya siglos.
España actualmente abre las puertas a toda Latinoamérica para que tengan trabajo, comida y casa. Que esto se os olvida mucho.
Mis fines de semana son un debate interno interminable sobre: "Es el único día que tengo para hacer cosas" y "Es el único día que tengo para quedarme en la cama todo el día".
o te dejas violar para que suelten a tu agresor en menos de 6 meses o te autodefiendes y la que va presa eres tú mientras que a estos animales les ofrece el estado programas de reinserción. No dejaré de cagarme en vuestra puta madre
Fue Axel, el perro, quien no se rindió.
A las cinco de la mañana, Amanda y su esposo despertaron sobresaltados: Axel, su border collie de un año, saltaba sobre la cama, desesperado, insistente, como si intentara decir algo.
“Me daba manotazos más de lo habitual”, dijo Amanda. “Como si necesitara que me levantara ya”.
Pensaron que quería salir. El esposo bajó a abrir la puerta.
Pero Axel no se movió.
Se quedó inmóvil frente a la habitación de Gabriel, su hijo de 17 años.
Y no se apartó.
Entonces algo les hizo ruido.
Abrieron la puerta.
Gabriel estaba despierto… pero algo iba mal.
Hablaba arrastrando las palabras.
No sentía la mitad de su cuerpo.
Unas horas antes se tomaba fotos de fin de curso.
Ahora lo llevaban de urgencia al hospital.
Gabriel estaba sufriendo un derrame cerebral.
El doctor fue claro:
“Si Axel no hubiera alertado a tiempo, el daño habría sido mucho mayor. Las neuronas mueren rápido. Él hizo la diferencia”.
No fue suerte.
Fue instinto.
Fue lealtad pura.
Fue un perro que sabía que algo no estaba bien y se negó a rendirse hasta que alguien lo escuchara.
Y tal vez por eso Gabriel hoy sigue aquí.
Porque alguien, sin palabras, supo gritar con todo el cuerpo lo que el mundo todavía no veía.
Gracias, Axel.
Por no moverte.
Por insistir.
Por salvarle la vida.