Hoy damos la bienvenida a la primavera. Es el momento perfecto para renovar energías, disfrutar de los días más largos y ver cómo todo vuelve a florecer.
"La primavera besaba
suavemente la arboleda,
y el verde nuevo brotaba
como una verde humareda.
Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil...
Yo vi en las hojas temblando
las frescas lluvias de abril.
Bajo ese almendro florido,
todo cargado de flor,
recordé, yo he maldecido
mi juventud sin amor.
Hoy, en mitad de la vida,
me he parado a meditar...
¡Juventud nunca vivida,
quién te volviera a soñar!"
Antonio Machado 🇪🇸 1875-1939 ✝️
Principio universal de reciprocidad y causa-efecto.
Actuar con bondad, empatía y generosidad tarde o temprano tiene su premio.
Si haces el bien regresará a ti, enfócate en lo positivo.
"La bondad es la única inversión que nunca falla."
Henry David Thoreau 🇺🇸
Vídeo de sk_guru_word
"La persona cuyo ánimo mejora con un libro, con un poema, una canción o una conversación consigo misma, no puede ser derrotada por nadie; incluso la vida pierde frente a ella."
Khalil Gibran 🇱🇧
"Sé justo, no bueno. Porque ser bueno sin poner límites te convierte en presa fácil. La justicia nace del equilibrio, no del miedo a decepcionar.
Ser justo es saber decir NO cuando el alma lo necesita."
Conectar con la naturaleza es reconectar con tu esencia, reduciendo el estrés y mejorando tu bienestar. Esta conexión innata, llamada biofilia, te ayuda a liberar la tensión de la vida digital y a sentirte más presente, libre y en equilibrio, fomentando la creatividad y la felicidad.
Naturalízate!
👉VALE LA PENA LLERLO...
A veces creemos que crecer significa cambiar de gente, de ropa y de modales.
Yo cambié a mi compañero de vida por una copa de cristal… y casi me corto con los pedazos cuando se rompió.
Me llamo Elena.
Tengo 48 años.
Y hace poco estuve a punto de cometer el error más grande de mi vida.
Llevo 25 años casada con Mario.
Mario es mecánico.
Tiene las manos grandes, ásperas, y siempre huelen un poco a aceite de motor, por más que se las lave.
Es un hombre bueno. Honesto. Leal.
Cuando nos casamos, éramos iguales: dos jóvenes de barrio, con muchos sueños y poco dinero.
Pero yo estudié. Me esforcé. Ascendí.
Hoy soy Directora Regional.
Empecé a viajar.
A ir a eventos.
A rodearme de gente “culta”, que hablaba de vinos caros, arte moderno y viajes a Europa.
Y, sin darme cuenta, Mario empezó a parecerme… poco.
Él seguía viendo fútbol los domingos.
Seguía riéndose de chistes simples.
Seguía usando sus camisas de cuadros de siempre.
Me daba vergüenza invitarlo a las cenas de la empresa.
—No va a entender de qué hablamos… se va a aburrir… me va a hacer quedar mal —me repetía.
Y empecé a ir sola.
—Mario está trabajando —mentía.
La semana pasada fue la Gala Anual.
La noche más importante del año.
Todos fueron con sus parejas.
Mario me vio arreglándome frente al espejo.
Vestido de seda azul. Aretes que costaron medio sueldo.
—Te ves hermosa, flaca —me dijo con esa mirada que siempre tuvo—. ¿A qué hora paso por ti?
Sentí culpa… pero mi vanidad fue más fuerte.
—No vayas, Mario. Es una cena aburrida, pura gente hablando de números.
Él bajó la mirada.
Sabía que mentía.
—Está bien —dijo suave—. Diviértete. Yo te espero despierto.
La fiesta era puro lujo: champán, caviar, violines.
Al principio pensé: Aquí pertenezco.
Hasta que escuché de qué hablaban.
Infidelidades contadas entre risas.
Hijos que solo querían dinero.
Soledad maquillada con diamantes.
Antidepresivos detrás de sonrisas perfectas.
En medio de la cena se me cayó un arete.
Rodó bajo la mesa.
Me agaché…
y escuché lo que dijeron de mí cuando creyeron que no oía:
—Pobre Elena. Siempre viene sola. Dicen que el marido es un mecánico sucio. Con razón lo esconde…
—La mona, aunque se vista de seda… —respondió otro riendo.
Me quedé helada.
Encontré el arete.
Pero perdí algo más: las ganas de estar ahí.
Salí sin despedirme.
Manejé a casa llorando.
No de vergüenza por Mario…
sino de vergüenza por mí.
No era una “mona” por mi origen humilde.
Lo era por intentar impresionar a gente vacía, humillando al único hombre que me amaba de verdad.
Ellos, con trajes caros, eran infelices.
Y yo… tenía a Mario.
Al llegar a casa, solo la luz de la cocina estaba encendida.
Mario dormía sobre la mesa.
Con sus gafas puestas.
Leyendo un libro: “Historia del Arte para Principiantes”.
A su lado, una nota:
“Tengo que aprender de estas cosas para acompañar a la flaca a la próxima fiesta y que no le dé pena que yo vaya.”
Ahí se me rompió el corazón.
Él siempre lo supo.
Y en vez de reclamar… estaba intentando cambiar por mí.
Lo desperté llorando.
—¿Ya llegaste, flaca? ¿Te fue bien?
Lo abracé con fuerza.
Agarré esas manos ásperas… las mismas que construyeron nuestra casa, arreglaron mi coche y me sostuvieron 25 años.
—Perdóname. Tú eres demasiado para mí… no al revés.
Se rió.
—La próxima fiesta vamos juntos —le dije—. Y si no les gusta tu camisa de cuadros, nos vamos por tacos.
—Planazo —sonrió—. Los tacos me gustan más que ese caviar.
Esa noche entendí algo:
Mario no necesita saber de arte.
Mario ES arte.
El arte de la lealtad.
De la bondad.
Del amor que no presume.
Hoy sigo siendo Directora.
Sigo teniendo éxito.
Pero cuando me preguntan por mi marido, ya no miento.
Digo con orgullo:
“Es el mejor mecánico de la ciudad… y el único hombre que realmente vale la pena.”
✨ No cambies un diamante real por vidrios de colores solo porque brillan más.
El brillo se apaga… el valor verdadero es eterno. ✨
Nadie quería ser su pareja en la fiesta de graduación.
Cuando llegó a los oídos del capitán del equipo de fútbol y compañero de clase la invitó de inmediato.
La inclusión social se define con gestos genuínos de bondad y humanidad y no con discursos baratos politizados.
El Blog del Centro de Psicología Aplicada publica hoy miércoles el artículo de Maribel Gámez y Cristina Lara ‘Un equipo ganador para la salud mental: psicólogo e integrador social’
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