Unos policías que han matado a un chaval están muy agobiados, pero no por haber matado a un chaval, sino porque la gente les insulta por haberlo matado.
Imagínense el disgusto que tendrían si les hubieran metido en la cárcel, como se suele hacer con los asesinos normales.
Pollartz:Creo que me voy a meter en el ISIS
La madre:eso no está bien, el fanatismo religioso es muy malo
El padre:Matar por región no te va a traer nada bueno.
Pollartz:pero es que me gusta su lucha
La madre: tú verás, pero vas a acabar en la cárcel
Pollartz: Tenéis razón
Volvamos al video, que es que es un cachito perfecto de esta España devoradora de sus hijos.
La señora, muy molesta, porque "se va a tener que levantar" (voy a tener que ejercer aquí mi autoridad), porque "como me den un pelotazo...".
La probabilidad de que una pelota se chute fuerte y le de en las gafas a esa señora es muy baja, es muy posible que la pelota simplemente se desvíe y caiga cerca de su silla. Pero ella ya baraja la posibilidad de acabar en el hospital.
Luego, como buen maltratador psicológico, dice que a ella lo que le molesta es que se pongan cerca. "Que se vayan lejos no me importa". Esto, por la experiencia de los últimos 6 años, sabemos que es completamente falso; si existe el conocimiento de que eso está prohibido, llegarán a llamar a la policía aunque los que juegan no molesten a nadie.
"A la playa se viene a estar a gusto". A gusto suyo, claro. A la playa se va, por imposición, a estar "a gusto", sentado, sin moverse. Cualquier otra actividad es estar a disgusto, incómodo, y por tanto debe ser sancionable o como mínimo reprochable.
18 pelotas han requisado en 2 días.
Esto significa que los recursos de la policía municipal esos dos días han sido destinados a requisar pelotas de playa casi una veintena de veces. Mañana y tarde.
La ordenanza municipal que prohíbe jugar a la pelota, dice el policía, lleva "muchos años" vigente. La multa llega a los 750€, medio sueldo de un español joven si es que cobra algo. Teniendo en cuenta que es Cádiz, 750€ a una juventud mayoritariamente en paro o trabajando en B. Una juventud precaria que no tiene permitido divertirse en un espacio público.
Las opiniones populares:
"Es que tenemos un descontrol horroroso y son buenas las restricciones". Hay que controlar. Las pelotas de playa. Jugar a la pelota. Eso es un descontrol y hay que controlarlo y restringirlo.
"Me parece una barbaridad" y "me parecen exageradas".
Dos personas que son más o menos normales.
Para finalizar, el reportero explica resumiendo que está perseguido con multa jugar a la pelota y procede a... jugar con la pelota lanzándola al aire peligrosamente sin tener en cuenta que puede darle a la señora en las gafas y mandarla al hospital. Está incumpliendo la ordenanza municipal y la policía municipal de Cádiz debería multarle. Por algún motivo no lo ha hecho.
Hay dos tipos de personas que afirman no ser de izquierdas ni de derechas: personas muy de derechas o personas muy idiotas, aunque a veces se juntan ambas cosas en una.
Crazy that this is getting barely any coverage. This year’s European Press Prize was just awarded to an investigative report by the Dutch newspaper De Volkskrant. It is entitled “What the Wounds Tell” and in it the journalists Maud Effting and Willem Feenstra document the cases of 114 children in Gaza under the age of 15 who were struck by a single bullet to the head or chest. Almost all of them died or were left severely disabled. They chose to document only the cases of boys and girls under the age of 15 (though often much younger: aged 3, 4 or 7) because these are children who can be immediately identified as such. “A single bullet in these parts of the body is a clear indication that these children were deliberately targeted“, the two journalists write.
This is the article: https://t.co/YkZrpqBWBQ
🎙️"La actitud de este compañero no es la de la Policía, es la de un individuo que no debería participar en esta Unidad de Intervención" cuenta Manuel Soler, del Sindicato Reformista de Policías, en #MalasLenguasN
never forget how the US used agent orange during the Vietnam War: sprayed on civillians, contaminating land, damaging ecosystems, and generations later kids are still born with disabilities linked to dioxin exposure. The US never issued a formal apology and paid compensation
«Murió él, como podía haber muerto yo»
El testimonio de Ion Arretxe, detenido junto a Zabalza en 1985, sobresale en la película «Non dago Mikel?». Él sí pudo contarlo, aunque necesitó tres décadas para superarlo y ponerlo por escrito. Este relato de lo padecido aquellos días es el espejo del final del joven orbaiztarra.
«Me sacaron de la cama a las 3.30 de la madrugada (...) Yo estaba durmiendo y me sacaron de la cama. Llegaban gritos desde el salón de casa, al otro lado del pasillo.
-¡Llevadme a mí! -decía mi padre- ¡Llevadme a mí! (...)
-Escucha. Tu viejo grita como un gorrino-, me dijo el moreno del bigote, el único que vestía de paisano (...)
-¡Que nadie se asome a las ventanas, cojones! ¡Mis hombres tienen orden de disparar!»
EN EL RÍO
«Sentí el traqueteo del todoterreno. Habíamos dejado el firme de la carretera y subíamos por una pista forestal.
-¿Dónde me lleváis?-, empecé a gritar muerto de miedo.
-¿Qué pasa? ¿Gallo de día y gallina de noche? Para ametrallar por la espalda sí somos valientes, ¿no? (...)
No sé, ni nunca sabré, dónde me llevaron. Bajamos del coche. Había un grupo de gente esperando ahí, en el monte. El camino se deshizo en el lodo. Las sombras rieron anunciando el akelarre (...)
Monte calvario, este monte sin nombre. Me envolvieron con cinta de embalar, ris, ras, que aplicaban con un aparato de mano, ris, ras, ris, todo alrededor, ris, ras, como una momia. La cinta chirriaba a cada vuelta, ris, ras, con un ruido de sierra. Y yo chillaba como un cerdo.
-¡No me dejéis morir aquí! (...)
Todo se llenó con el olor dulzón del agua del río.
-¿Tú ya sabes lo que esto, no? Pues cuando quieras hablar, sacas la cabeza. Y las aguas del río, que hasta entonces parecían gratas y amenas, ahora me traicionaban. Me sujetaban muy fuerte entre varios, tirándose encima de mí, con las rodillas, con los brazos, con todo el cuerpo, mientras otro me metía la cabeza en el agua.
Yo hacía fuerza hacia arriba para sacar la cabeza, pero era imposible. Cogía aire, todo el aire que podía... Gritaba ‘¡yo no soy de ETA| ¡yo no soy de ETA!’, y otra vez adentro.
Las primeras veces tenía fuerzas y ganas de gritar. Luego, solo de vomitar (lo eché todo). Y al final, no tenía ganas de nada. Me rescataban de la muerte cuando a ellos les parecía (...)
No se cuánto duró aquello. ¿Mil años? ¿Dos mil?
El agua helada me oprimía las sienes y se colaba por todos mis agujeros. Sentía cómo me vaciaba de vida y me llenaba de agua. Me volvieron a incorporar para que uno de ellos me mirara las uñas de las manos que habían quedado fuera de los sacos de plásticos. Vomité el agua que había tragado. Por lo que supe después, su amoratamiento les indicaba el grado de asfixia, y si podían seguir torturándome».
SENTIR MORIR
«Yo sentía mis neuronas girando dentro del cráneo. El cerebro, con la falta de aire, se había idoesponjando, aumentando de tamaño poco a poco, como un bizcocho en el horno. Todavía había sitio, cada vez menos, para que girasen mis neuronas. Enseguida la masa encefálica crecería tanto que ocuparía toda la cavidad craneal, se compactaría, CLACK, y el cerebro quedaría quieto.
Tal vez con la muerte, pensaba yo, tal vez con la muerte.... CLACK. El bizcocho creció hasta llenar el horno. CLACK. Mi cerebro y mi cráneo se acoplaron (...) Y yo, feliz. Con la sonrisa estúpida de los ahogados, la extraña dulzura de la buena muerte. Y yo, muerto».
LA BAÑERA
«Entraron algunos guardias, rápidos y ruidosos como una manada de hienas, y me echaron la manta por encima. Se oía el rugir de un grifo que vierte chorros de agua. Mientras me sujetaban con todas sus fuerzas, apareció José Vélez esgrimiendo el aplicador de cinta adhesiva. Y sin perder la sonrisa me empezó a envolver como una momia, ris, ras, ris, igual que en el monte (...)
Risas terroríficas y gritos de guerra. Me agarraron entre varios y me llevaron como un fardo, en volandas.
-¡Aupa gudari!, me dijo uno de ellos.
Y también:
-Vas a ganar la medalla olímpica de natación en bañera.
Yo hacía tope con los pies contra el marco de la puerta del cuarto de baño, para impedir que me pasaran por el hueco.
-¿Será cabrón?
Maniobraron varias veces hasta enderezar la carga y enfilamos baño adentro (...)
-¡Sacadme de aquí!
-¡Aupa gudari!
¡Chof! ¡Chof! ¡Chof!
Después de veinte o treinta aguadillas uno deja de pelear por su vida y se entrega a lo inevitable».
EN INTXAURRONDO
«Me contó que habían pasado por ahí etarras muy importantes. Y que a uno de ellos, a uno de los más duros de la banda, le habían interrogado a base de voltios que le aplicaban directamente del enchufe de la pared.
-No veas los botes que pegaba el hijo de la gran puta. Gritaba como un gorrino el muy cabrón, gritaba más que tú, que ya es decir.
Y siguió:
-Le tenían desnudo y empapado en agua. Ahí mismo, en la cocina donde sueles estar tú. Y para que no les pasase la corriente a ellos, lo sujetaban entre varios sobre una manta. Cada vez que le enchufaban los cables, saltaba hasta el techo. ¡Hostia, hostia! Yo nunca había visto nada igual».
EPÍLOGO
«Yo nunca ví a Mikel Zabalza, así que no voy a ser tan osado como para asegurar lo que le pasó (...) Murió él, como podía haber muerto yo. Así de caprichosas son la vida y la muerte».
Kaçak avcılar, kilometrelerce uzaktan görüntü alabilen yüksek teknoloji kameralarla tespit edildi.
Bu operasyon bir kez daha gösterdi ki; devlet görmek isterse mesafe de, zaman da engel değildir.
Azken egunetan egon dira Euskal Herrian kotxe istripuan hil direnak, baina badirudi batzuentzat bereziak direla poliziak… ze interes dute polizien senide eta lagunei “dolumin sentituak” helarazteko eta kotxe istripuetan hiltzen diren langileen kasuetan ezer ez esateko?
A ver si nos aclaramos.
Se puede llamar "etarra" a un alcalde pero si llamas gilipollas a una abogada cristiana o franquista a un juez, eso deja de estar dentro de la libertad de expresión y te condenaran por el derecho al honor.
Luego dirán que la Justicia es igual para todos.
La tortura sistemática, más allá del franquismo.
Solo en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa se registraron 4.113 casos de tortura entre 1960 y 2014; 3.032 son posteriores a 1978.
Un trabajo publicado en 2017 por la Universidad del País Vasco (EHU) y el Gobierno Vasco (Proyecto de investigación sobre la tortura y los malos tratos en Euskadi, 1960-2014) dejó claro el alcance de la tortura como herramienta del Estado, al recoger de forma sistemática los malos tratos cometidos por las fuerzas estatales durante esos años. El equipo dirigido por el reconocido médico Paco Etxeberria documentó en total 4.113 casos entre 1960 y 2014, reunidos en un censo oficial. Ese registro representa a 3.415 víctimas, ya que el 17% sufrió torturas o malos tratos en más de una ocasión. El trabajo se basa en un archivo de más de 26.000 documentos y miles de testimonios grabados en vídeo, y constituye hasta ahora la recopilación más extensa realizada en la Comunidad Autónoma Vasca sobre esta cuestión.
La investigación rompe la creencia de que la tortura se limita a la dictadura franquista, con un dato significativo: solo el 26,4% (1.081) de los casos registrados corresponden a la dictadura y a los primeros años de la llamada “Transición” (hasta 1978). En cambio, la gran mayoría se produjeron en época “democrática”, después de la aprobación de la Constitución. En la muestra analizada en profundidad mediante el Protocolo de Estambul, el 76% de los casos son posteriores a 1978, con una incidencia especialmente alta en la década de los 80 (35% de la muestra) y a partir del año 2000 (31%). Esto demuestra que los mecanismos de tortura han persistido durante décadas en las estructuras del Estado.
38% atribuidas a la Guardia Civil
En cuanto a las fuerzas policiales señaladas por torturas, en los casos en los que se ha aplicado el Protocolo de Estambul, el 38% de las denuncias se atribuyen a la Guardia Civil, el 30,7% a la Policía española y el 9,9% a la Ertzaintza. La metodología ha experimentado una evolución estadística: hasta los años 90 eran habituales los métodos que dejaban marcas físicas visibles (la bañera o la electricidad), pero posteriormente predominó la llamada “tortura limpia”, diseñada para ocultar señales. Ejemplos de ello son la asfixia con bolsa, la permanencia prolongada en posturas forzadas o las amenazas. Las víctimas pasaron, de media, casi cinco días en régimen de incomunicación.
95,5% de casos con "evidencias sólidas" según el Protocolo de Estambul
Además, se ha tratado de medir repetidamente la veracidad de las torturas denunciadas aplicando el Protocolo de Estambul a 202 víctimas. Los resultados son claros: en el 95,5% de los casos se halló un nivel de coherencia “sólido” entre el testimonio de la víctima y las conclusiones periciales (48,5% sólido, 41,1% muy sólido y 5,9% pleno). Estos datos, sin embargo, chocan con la realidad judicial posterior: pese a los miles de casos documentados, el Tribunal Supremo español solo emitió 20 sentencias firmes por torturas entre 1979 y 1992, condenando en total a 49 funcionarios. En muchas ocasiones, los torturadores fueron indultados.
El informe mencionado advierte además de que, entre las víctimas que participaron en la investigación, el 15% sufre todavía graves consecuencias psicológicas y necesita atención especializada.
(Texto publicado originalmente en Diario Socialista)
1.-Espantar fascistas nunca debería de ser un delito. Debería de ser objeto de reconocimiento social.
2.-Lo normal hubiera sido hacer el atestado, mandarlo al juzgado, y que éste citase a declarar a los investigados.
3.-La policía sobreactúa o infraactúa según el color político.
Cuando empecéis a señalar, identificar y denunciar a vuestros compañeros que cometen abusos, excesos e irregularidades, (no sólo cuando hay grabaciones) y cuando mostréis públicamente las pegatinas de las taquillas de vuestros compañeros ultras, igual empezamos a creernos algo.
Hoy, los agentes de la Policía Nacional han iniciado una operación para detener casa por casa a los jóvenes antifascistas vascos que protestaron contra el ultraderechista Vito Quiles en Navarra. La "democracia" en España.
Informe oficial: así se ha violado en comisarías y cuarteles.
Alicates, palos de escoba, electrodos… Forman parte de los testimonios sobre torturas sexuales enunciados ahora ante la Comisión de Valoración entre llantos y silencios. Estos son extractos textuales de los 75 casos reconocidos este año, extraídos del informe oficial. Sobran las palabras.
No ocurrieron en un descampado, ni en un parking subterráneo, ni en un portal, ni en un domicilio, pero sí lejos de testigos, y además con total impunidad judicial. Las agresiones sexuales que recoge el informe de este año de la Comisión de Valoración de casos de violencia policial y parapolicial se han perpetrado en dependencias de la Policía española y en la Guardia Civil, lugares supuestamente de máximas garantías.
Casi todas las víctimas han sido mujeres, aunque también hay hombres. A los «comentarios vejatorios sobre sus cuerpos e insultos, a encontrarse con la regla y no disponer de productos necesarios ni condiciones de higiene adecuadas» se les sumaron «muchos casos en que son obligadas a desnudarse y son sometidas a tocamientos, insinuaciones o situaciones más graves aún, como es la violación con penetración de objetos varios, relatadas con dificultad y que esta Comisión ha escuchado y recogido», explica.
El informe presentado en el Parlamento Vasco da paso al reconocimiento de 75 víctimas de tortura este año. Solo son, por tanto, el 1,5% del total de casos censados ya oficialmente en toda Euskal Herria. Sin embargo, bastan para resumir una práctica generalizada y masiva, más allá de los detalles brutales y sórdidos que arroja cada caso concreto.
Los testimonios han sido grabados en gran parte de los casos (83 registros audiovisuales sobre el total de 93 expedientes aceptados) y sometidos a análisis forense. La Comisión incide en ello: «Somos conscientes, porque las víctimas así nos lo han transmitido, de que este camino que transitamos les resulta en muchas ocasiones muy doloroso y lleno de obstáculos. ‘¿Cómo es posible que se nos exija tanto?’, nos dicen, después del silencio y ‘de las mentiras que sobre nosotras se han lanzado durante años’».
Sobran más explicaciones. Hablan las víctimas:
Desnuda y colgada de la trenza.
«[Cuartel de la Salve, Bilbo, 1973] Desde el primer momento y de manera constante, fue objeto de terribles vejaciones, amenazas e insultos ligados a su condición de mujer. Las primeras palabras que escuchó del capitán que dirigía los interrogatorios fueron: ‘¡Aquí, entras virgen y saldrás puta!’ (…) Fue despojada de la ropa de trabajo que vestía desde el momento de la detención. Desnuda, fue colgada de la larga trenza que llevaba, siendo inducida a girar sobre su propio eje a base de golpes».
La violan y se orinan encima.
«[1992] Entre otros métodos de tortura padecidos por ella, en su condición de mujer, se encuentran los relativos a la tortura sexual con la introducción de varios objetos por distintos orificios corporales. (…) Añade, además, que varios guardias civiles orinaron en su cara cuando solicitó ir al baño mientras le gritaban: ‘Yo también me meo’. Momento tras el cual la detenida decidió orinarse encima antes que volver a pasar por aquella humillación».
Palo de escoba.
«[1982] Humillaciones de todo tipo por su condición de mujer, insultos, tocamientos por todo el cuerpo, realizados tanto por hombres como por mujeres… Aquella tortura sexual fue in crescendo. Recibió amenazas de violación que, desgraciadamente, culminaron en una grave agresión sexual, al introducirle el palo de una escoba por la vagina tras ser tumbada en una mesa y despojada de los pantalones y de la ropa interior que vestía».
Forzada a masturbarse.
«En uno de aquellos descansos, se abrió la puerta de la celda y recibió la orden de desnudarse y comenzar a masturbarse delante de los agentes, algo a lo que la detenida, en el estado en el que se encontraba, accedió sin protestar e incluso llegó a preguntar detalles de cómo debía hacerlo, algo que desconcertó y enfadó a los guardias civiles que esperaban de ella otra reacción y que acabaron por marcharse de allí».
Amenazas y tocamientos.
«Por su condición de mujer, relata que fue intimidada con amenazas y acoso de tipo sexual. ‘Seguro que no has visto una polla como la mía. Ya verás cuando nos quedemos solos lo bien que lo vamos a pasar. Seguro que no has probado nunca algo tan rico como esto. Seguro que tus compañeros de ETA tampoco la tienen tan grande y seguro que no saben follar como follamos nosotros’. Desnudada primeramente de cintura para arriba, más tarde fue obligada a permanecer completamente desnuda mientras era sometida a tocamientos y recibía amenazas de violación: ‘Bueno, vete preparándote porque esto está terminando: unas cuantas sesiones más de bolsa, unas cuantas flexiones más, y ya empezamos con lo nuestro, que es lo interesante’».
Menstruación como tormento.
«Las vejaciones con episodios de desnudez forzada se dieron tanto en Donostia como en Madrid (…). Además, en aquellas condiciones, le bajó la regla, encontrándose en condiciones higiénicas lamentables. Cuando solicitó algún producto de higiene, le proporcionaron unas bragas desechables y algunas compresas, todo ello acompañado de vejaciones: ‘A estas zorras siempre les baja la regla. ¡Ojalá os bajara la regla en otras ocasiones! ¡Estáis cagadas de miedo, por eso se os baja la regla!’».
Alicates.
«Esposada con las manos en la espalda y con la cabeza agachada, los insultos, las mofas, las amenazas, los tocamientos y los malos tratos comenzaron en el vehículo. ‘Metían sus manos por debajo de mi camiseta y me aplastaban los pezones, pero duro, duro. Se estaban descojonando y, yo, así. Ese es el primer flash (…) Durante el trayecto, los agentes, al igual que ocurrió nada más ser detenida, se empeñaron en apretar los pezones de I.A.G., aunque, en esta ocasión, utilizando un alicate que sacaron de algún sitio. ‘Sí, aplastándome los pezones. Dos veces, primero en uno y luego en el otro, ya que solo tenían una herramienta y andaban con eso’. Poco después, fue trasladada a Madrid. Relata que, de camino, realizaron una parada en un club de alterne a las afueras de Burgos, en el que se le permitió acudir al baño».
«Violaremos a tu hija».
«Dada su condición de mujer, G.M.M. recibió las primeras vejaciones y amenazas de contenido sexual contra ella y contra su hija: ‘A nosotros no nos gustas’ (…) ‘Nosotros violaremos a tu hija, a la alta’. ‘Tu hija no se va a salvar. Nosotros la vamos a violar’ (…). Mientras la degradaban verbalmente, fue obligada a desnudarse en tres ocasiones con la excusa de examinar sus varices. En aquel momento de vergüenza y humillación, de pie, frente a ellos, lloró por primera vez».
Obligado a masturbarse.
«Me ponen la cuerda y, de repente [llora], uno por detrás tira la silla y hay un momento, no sé, igual son décimas de segundo o tal y otro que está detrás me agarra, me bajan y me dicen ‘¡Desnúdate!’. Me bajan el pantalón y me dicen ‘¡Mastúrbate!’ [llora y no puede continuar hablando]».
Electrodos en los testículos.
«En el coche en que se dirigían al cuartel, le bajaron los pantalones y la ropa interior, todo lo que permitía la cinta americana, y le colocaron electrodos en los testículos (…) Me dijeron que o cantaba todo o a mi mujer (que estaba detenida) le harían esto y aquello… y en un momento dado, abrieron la puerta para que yo viera que se encontraba bien. Estaba en una cama, sentada junto a un guardia civil».
(Artículo de Ramon Sola para naiz)