The racist, dehumanising remarks against @KMbappe by Paraguayan Sen. Celeste Amarilla are despicable, regrettably not isolated.
States & sports organisations must prevent acts of racism & discrimination, and ensure independent and effective accountability. Social media must also prevent and address racial discrimination on their platforms.
https://t.co/TVawwmw3Qo
🚨 Fayza Lamari, Kylian Mbappé's mother, breaks her silence after Paraguayan senator Celeste Amarilla's racist abuse of her son:
As a mother, I am deeply hurt and disgusted by the racist remarks made by Senator Celeste Amarilla against my son, Kylian Mbappé. No child, no matter how famous or successful, deserves to be targeted because of their race or heritage.
Kylian has always carried himself with dignity, respect, and humility, representing France and the sport of football with pride. These hateful comments say far more about the person who made them than they ever will about my son.
Our legal team is currently reviewing the senator's statements, and we are seriously considering taking legal action. Racism cannot be excused as an opinion, and public figures must be held accountable for spreading hate and discrimination.
To everyone who has stood with Kylian and condemned these remarks, thank you. Your support reminds us that respect, unity, and humanity will always be stronger than racism."
Told "EiffelSports"
Todos los jugadores de Paraguay yendo a por Kylian Mbappé y tratando de provocarlo, él simplemente se ríe de ellos.
Esto nadie te lo muestra 🤭https://t.co/RoQD3xHNKM
El mundial del país imaginario
Cada cuatro años, Uruguay se mira a.sí mismo a través de una camiseta. La nación deposita sobre once futbolistas una responsabilidad absurda: demostrar que sigue siendo aquello que imagina haber sido. Y entonces llega el Mundial.
Las expectativas son colosales. Desproporcionadas. No nacen del análisis del presente, sino de la nostalgia. Se habla de historia, de tradición, de carácter, de una supuesta esencia nacional que garantizaría resultados por decreto. Como si los trofeos obtenidos por hombres muertos o jubilados pudieran marcar goles en el siglo XXI.
Pero la selección entra al campo y ocurre algo incómodo: aparece la realidad. Los rivales mediocres corren más, arriesgan más, innovan más. Parecen pertenecer a países que todavía creen en el futuro. Mientras tanto, los nuestros juegan como juega la nación entera: al empate, esa vieja religión nacional, se traslada del Parlamento al césped.
Y cuando el equipo fracasa, cuando queda eliminado de manera gris, sin épica y sin tragedia, surge la indignación colectiva. Los mismos que habían construido expectativas delirantes denuncian la decepción. Los mismos que confundieron deseo con realidad buscan culpables. Nadie formula la pregunta esencial.
¿Por qué una sociedad acostumbrada a administrar su decadencia espera producir excelencia de manera automática?
La selección no es la causa del problema. Es su radiografía más honesta. Porque juega exactamente como vive el país este país envejecido, que sigue hablando de sus viejas hazañas como un coronel retirado que menciona cada noche las mismas batallas. Un país que ha convertido la nostalgia en política pública y la autocomplacencia en patrimonio cultural. Un país que se resiste a admitir que hace mucho tiempo dejó de competir contra los mejores para empezar a compararse consigo mismo.
La paradoja es extraordinaria. Cuanto más se deteriora la realidad, más grandiosas se vuelven las expectativas. Como si la imaginación colectiva intentara compensar aquello que la experiencia ya no puede sostener. Se exige una selección campeona desde una estructura social que castiga el riesgo, sospecha del talento y celebra la mediocridad equilibrada.
Porque el problema nunca fue futbolístico. El problema es cultural. Durante décadas se ha enseñado que el éxito es sospechoso, que destacar genera desconfianza y que toda diferencia merece corrección. Se ha construido una moral del empate donde la derrota resulta tolerable y la victoria excepcional casi incómoda. Nadie quiere fracasar, pero tampoco se acepta el precio de triunfar.
Por eso la selección juega con miedo. Porque representa a una sociedad que también lo tiene. Miedo al conflicto. Miedo a la competencia. Miedo a reconocer que el mundo no concede privilegios sentimentales ni respeta relatos históricos. Los goles se marcan en el presente. La riqueza se crea en el presente. La cultura se produce en el presente. La historia puede inspirar, pero no sustituye al esfuerzo.
Sin embargo, cada eliminación produce la misma ceremonia. Se buscan traidores, incompetentes, conspiraciones o malas suertes. Cualquier explicación sirve con tal de evitar la única verdaderamente dolorosa: que tal vez el equipo juega exactamente al nivel del país que lo produce.
Y eso es lo insoportable.
Porque obliga a admitir que la pobreza más profunda no es la económica. Es la pobreza de ambición. La renuncia silenciosa a la excelencia. La convicción secreta de que alcanzar la grandeza es improbable, pero fingir que aún nos pertenece resulta indispensable.
Entonces termina el Mundial. La selección vuelve a casa. Los aficionados regresan a sus rutinas. Y el país continúa avanzando lentamente hacia ninguna parte, aferrado a sus recuerdos, celebrando empates y esperando que la próxima vez, de alguna manera milagrosa, la realidad decida comportarse como la nostalgia.
🗣️ El PALAZO de EDU AGUIRRE a MESSI tras su roja perdonada:
“Vimos cómo Argentina ganó el Mundial 2022. Si cualquier otro hace eso y no se llama Messi, lo echan”
“Hace 7 años no se podía ver bien. ¿Con VAR? Roja clarísima. Siempre tiene alguna ayudita”
Mientras la izquierda uruguaya grita contra la detención de Maduro, el pueblo venezolano en sus calles, grita: ¡LIBERTAD!
No más preguntas, Señor Juez...
Coherencia ayer, hoy y mañana.
Maduro es un dictador. Lo dije en todos lados. No dudé en hablar frente a él y sus “aliados”. Incluso fui criticado por no invitar dictadores a nuestra asunción
Falla la comunidad internacional. Fallan los resortes para proteger los derechos humanos.
Hoy puede amanecer la libertad en Venezuela. Puede.
No justifico la intervención armada. La pregunta es: hasta cuándo iba a seguir esta dictadura? Hasta cuándo un pueblo oprimido, perseguido, encarcelado?
Hasta cuando tantos iban a callar o mirar para el costado?
Cada 25 de diciembre se celebra la fiesta solemne del nacimiento de Jesucristo. ¡Este es un día de alegría y gozo! ¡El Señor ha venido al mundo a traernos la salvación!
ACI Prensa les desea una feliz Navidad y que el Niño Jesús nazca en los corazones de todos.
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