Pongámonos serios.
Sé que no son horas y es viernes, pero a mí esto me está entrando por el corazón desde hace días y así, hasta el 29 de mayo.
Yo ahí lo dejo otra vez, pero me la está poniendo como un bote de Fruco.
🔊❤️🔥 TODO VALLECAS VIBRA POR ÓSCAR TREJO
Llegó el minuto 8… y todo Vallecas se puso en pie para rendirse ante su leyenda, ante su capitán⚡
#LALIGAenDAZN⚽️
🥹⚡️El sueño de Vallecas 𝙚𝒔 𝒖𝙣𝒂 𝒓𝙚𝒂𝙡𝒊𝙙𝒂𝙙.
El Rayo Vallecano clasifica para la primera final europea de su historia y luchará por el título de la Conference League.
#UECL#LaCasaDelFútbol
FUE A LAS 10 Y 10
Se esfumaba. Las sensaciones en la hierba y en la grada eran muy malas. La cara de cada rayista presente en Atenas traslucía el espejo de un alma al que se le escapaba el maravilloso sueño de una final.
Fue justo en ese momento, a las 10 y 10, cuando la hinchada vallecana aprovechó un fugaz instante de tregua en un estadio incendiado de alaridos helenos, para colar en la noche de Conference el cántico que lo cambió todo. “Este barrio nunca se rinde”.
Estoy firmemente convencido de que ese grito de orgullo le llegó a los jugadores, al banquillo y, lo que es más importante, al espíritu combativo de miles de aficionados que, arrastrados por la pasión, estaban regalando una de las animaciones de grada más conmovedoras que uno recuerda.
A las 10 y 10, con 3-0 abajo, cambió la historia europea de la franja roja. Luego vino la excelente gestión de los cambios de Íñigo, la peña abrazada a extraños que ya nunca lo serán tras el zarpazo de Palazón, las lágrimas de tensión, alegría y sentido de pertenencia de muchos aficionados, el puto reloj que se rompió en los 6 minutos de alargue y el puto Rayo que está a dos zancadas de la primera final de todos.
Fue Isi el que regaló a los suyos que siga siendo Y si. Pero sin ese cántico y sin levantar las manos cuando el desasosiego entra en el corazón, hubiera sido rematadamente imposible. A las 10 y 10.