"Si no firmáramos este acuerdo con Irán, nos hubiéramos quedado sin petróleo, perdíamos 600 o 700 millones por día, nos quedábamos sin reservas en 4 semanas. Hemos sido muy duro con lo nuclear, está bien que Irán tenga energía nuclear para electricidad".
Trump firmó su rendición con Irán, humillándose públicamente admitiendo que estaban desangrándose en su guerra contra el pueblo iraní, perdiendo hasta 700 millones diarios y quedándose sin reservas de petroleo... incluso han terminado tragando con que Irán tenga energía nuclear y pagándole 300.000 millones por los daños.
Esta es la mayor humillación a EEUU desde Vietnam, la realidad es que esperaban que Irán cayese en 3 dias... ahora van a tener que retirar sus soldados de toda la región en las bases que rodean a Irán y pagar por sus crímenes.
En las minas de oro de Ghana, estas son las condiciones en la que los esclavos extraen el mineral para las grandes multinacionales capitalistas; descalzos y tiritando de frío, se cubren con bolsas de la lluvia.
El capitalismo no es "tener un Iphone", es el saqueo imperialista y la esclavitud de pueblos enteros en África para que en Occidente los señoritos burgueses lleven oros y diamantes.
Hoy 9 de junio se cumplen dos años del fallecimiento de Juan Jesús Calo Silva, conocido popularmente por el nombre de 'Chanquete', en el municipio de Fisterra (A Coruña), donde trabajó como marinero.
En 1957, Juan Jesús puso rostro a la diáspora gallega con una fotografía realizada por Manuel Ferrol y en la que también aparecía su padre, Manuel Ángel Calo 'O Jurjo', quien murió en 2006.
La imagen mundialmente conocida 'El Padre y el Hijo' forma parte de la serie Emigración, sobre las despedidas entre los emigrantes y sus familias en el puerto de A Coruña. Este reportaje fue realizado por Manuel Ferrol el 27 de noviembre de 1957.
Manuel Ferrol fue uno de los fotógrafos españoles e internacionales más importantes del siglo XX. En lo años 50 montó su primer estudio en A Coruña y años más tarde, en 1957, tomó la fotografía 'El Padre y el Hijo', considerada una de las imágenes más vistas del mundo.
"Alimento un odio visceral, irreductible, hacia la burguesía, hacia su suficiencia, su vulgaridad; un odio mítico o, si lo prefieren, religioso”.
Pier Paolo Pasolini.
«“Estos que ves, españoles rotos…derrotados, medio muertos…son, no lo olvides, lo mejor del mundo…
!!No lo olvides nunca, hijo, no lo olvides!!”
#TalDiaComoHoy#2deJunio nace
#MaxAub
Escritor dlos campos d concentración y exilio
✔️NO AL OLVIDO #ComparteCultura#Memoria
Ontem tentei explicar aos meus filhos o que é a democracia: deixei-os votar na pizza que iríamos comer e no filme que iríamos ver. Depois escolhi eu a pizza e o filme, porque sou eu que tenho o dinheiro.
Afinal, expliquei-lhes o capitalismo.
Cuando el joven Miguel Hernández llegó a Madrid fue acogido en el entorno de Rafael Alberti y Maria Teresa León. Pese a no ser de origen burgués, como ellos, sino campesino, su poesía le abrió las puertas del círculo intelectual de aquellos años de preguerra.
Una vez iniciado el conflicto, Miguel Hernández se alistó para combatir en el frente mientras Rafel Alberti y su mujer se erigieron en Comité antifascista para señalar y perseguir, en la retaguardia y lejos del frente, a aquellos intelectuales que no eran socialistas o comunistas.
Cuando, a finales de noviembre y diciembre de 1936, parecía que Madrid iba a caer en manos de los nacionales, Miguel Hernández tuvo un grave desencuentro con Rafael Alberti y Maria Teresa León.
El incidente tuvo lugar concretamente durante el II Congreso de Intelectuales para la Defensa de la Cultura, un evento organizado en Madrid por la Alianza de Intelectuales Antifascistas, cuya gestión directa recaía en Rafael Alberti y María Teresa León.
Miguel Hernández llegó a la sede de la Alianza, en el incautado palacio de los Heredia Spínola, directo desde las trincheras, sucio, con piojos y oliendo a pólvora. Al cruzar la puerta, presenció un banquete con abundancia de comida y bebida, música, bailes y un ambiente de alta sociedad de la que provenían Alberti y su mujer.
Muchos de los allí presentes vestían el "mono azul" de miliciano, pero limpio, almidonado e impecablemente planchado como si fuera un disfraz de gala, una actitud que el propio Juan Ramón Jiménez definió despectivamente como "señoritos imitadores de guerrilleros". Para Hernández, que veía morir a los soldados de verdad por falta de suministros, aquello fue una traición moral insoportable.
La provocación verbal:
Miguel Hernández, profundamente irritado, se acercó a Rafael Alberti y le soltó cara a cara la frase: "Aquí hay mucha puta y mucho hijo de puta".
El reto de Alberti:
En lugar de apaciguar los ánimos, un ofendido Alberti le retó con soberbia: "Atrévete a decírselo a todos en voz alta".
La pizarra:
Hernández no se echó atrás. Se dirigió a una pizarra escolar que presidía el salón de actos y, con un trozo de tiza y trazo grueso, escribió la frase textualmente a la vista de todos los asistentes.
La agresión física:
María Teresa León, al verse aludida como la gran anfitriona del evento, arremetió contra él gritándole que no tenía derecho a insultar así a las mujeres de la Alianza. Acto seguido, le propinó un golpe tan violento que, según los testigos, lo tiró al suelo (algunos biógrafos apuntan que llegó a romperle un diente). Amigos comunes tuvieron que interponerse rápidamente para que la violencia no fuera a más.
Mes y medio después de la agresión, ante el avance de las tropas franquistas, se desató el pánico y comenzó la evacuación generalizada de la capital. Los líderes políticos e intelectuales de izquierdas organizaron caravanas de coches y aviones para huir hacia Valencia y el extranjero. Era el "sálvese quien pueda".
Nadie se acordó de reservar una plaza para Miguel Hernández. El poeta quedó completamente aislado y desamparado en Madrid, abandonado a su suerte por la misma élite cultural a la que había criticado. Y siguió combatiendo hasta el final de la guerra.
Poco antes del fin de la guerra, se cruzaron por última vez en Monóvar (Alicante). Alberti, consciente de la inminente tragedia y sintiendo remordimientos, intentó reconciliarse con él:
"Tú ya sabes cómo son las mujeres, Miguel. Vente con nosotros, te hago un hueco en el avión rumbo a Argelia".
Hernández, manteniendo su orgullo intacto y sin perdonar la hipocresía pasada, le contestó secamente: "Yo me vuelvo a mi pueblo". Alberti no insistió y se subió, junto a su mujer y, probablemente La Pasionaria, a uno de los últimos aviones que partieron rumbo a Orán.
Después, Miguel Hernández intentó cruzar la frontera de Portugal a pie, donde fue detenido, iniciando el calvario de cárceles que le llevaría a la muerte en prisión por una tuberculosis
Perdón por mi opinión de extrema izquierda, pero alguien que trabaja más 9 horas al día, cinco días a la semana debería poder costear todas sus necesidades básicas y las de las personas que dependen de ella, incluyendo un lugar digno donde vivir