Café con tu amiga la socialista.
Entre sorbo y sorbo, se queja:
—Me mudo de piso. He pedido presupuesto a empresas de mudanzas y son unos ladrones. ¡700€!
Hace una pausa, triunfal:
—He hablado con el conserje. Me manda a dos chicos sin papeles que hacen chapuzas.
—¿Y cuánto les vas a pagar? —pregunto.
—Unos 100€ a cada uno. Me sale tirado. Y oye, les hago un favor, esa gente necesita el dinero desesperadamente.
La miro a los ojos.
—O sea: se te llena la boca sobre derechos laborales y convenios, pero cuando te toca pagar… contratas en B, por debajo del salario mínimo, a gente vulnerable para ahorrarte dinero.
Se le tensa la mandíbula.
—¡No es lo mismo! Yo no soy una multinacional explotadora. Soy una ciudadana de a pie. El sistema está roto, no es mi culpa.
—No eres Amazon, no.
Pero en cuanto te tocan el bolsillo, te comportas igual que lo que dices odiar.
Tu solidaridad termina justo donde empieza tu cuenta bancaria.
Se levanta, ofendida:
—Eres una facha. No entiendes nada.
Se va antes de que llegue la cuenta. La pago yo.
Por la tarde, sube una foto a Instagram:
selfie con cajas, texto sobre la gentrificación y “las injusticias del mercado”.
La superioridad moral es el deporte favorito de quienes nunca pagan el precio de sus ideales.
Defender a los oprimidos con el dinero de los demás es barato.
La verdadera ética no se ve en una pancarta ni en un tuit,
se ve en cuánto pagas a quien está por debajo de ti cuando nadie te aplaude.
Cuando les enseñas el espejo, no corrigen su incoherencia:
te atacan a ti.
Porque no les duele la injusticia,
les duele dejar de verse como salvadores.
Que no se nos olvide que en Venezuela, una señora de 81 años sigue incansable, de cárcel en cárcel, buscando a su hijo Víctor Hugo Quero. No la dejemos sola. Sigamos presionando para que esta señora pueda obtener respuesta sobre el paradero de su hijo.
@Ryanair_ES hola... estuve esperando 40 minutos en el chat en vivo y cuando me tocó mi turno el sistema me mandó de nuevo a la cola con 38 personas por delante.
Quiero hacer una consulta sobre mi reserva
Ayer me depositaron 2 dólares como el salario correspondiente a mi quincena de febrero, como profesor en el Doctorado de Estudios del Desarrollo en el CENDES, de la UCV,
Soy economista, tengo maestría y doctorado. Soy:
1. Profesor e investigador a dedicación exclusiva.
2. Jefe del área económica
3. Coordinador de la maestría en Planificación.
4. Coordinador de Estudios de Postgrado.
Me pagaron 2 dólares ayer, y gasté 30 dólares pagando pésimos servicios de internet, electricidad y aseo urbano.
La destrucción voraz de la educación universitaria, hunde al país en la miseria intelectual y material.
No puede haber democracia ni respeto a los derechos humanos, con una situación de exterminio formativo tan bestial.
Más del 70 % de los profesores han renunciado, los concursos se declaran desiertos y los docentes no tienen como educar, si no hay ni para pagar el pasaje del autobús.
El régimen emplea fortunas en bombas, misiles y radares que no prenden.
Derrocha en fiestas, tarimas y marchas inútiles. Gasta en cárceles para miles de presos políticos, represión y comandos opresores que portan carros de lujo. Los miles de millones de dólares lo malgastan en cualquier cosa... para la educación, salud y salarios, no hay más que excusas.
Un Cartón de Huevos cuesta en Venezuela 6 dolares y el salario mínimo es 0,057 centavos de dolar. Será posible comer huevos los Venezolanos con ese salario tan bajo 🙄🙄🙄🙄🙄🙄🙄
Estoy escribiendo este post sin estar conectado a una VPN.
Cuando toque el botón y lo publique, será la primera vez en un año y medio que pueda hablar en público sin tener que burlar un control estatal.
Acabo de recuperar un derecho.
Quiero dejar registro.
🇻🇪.
Lo que podemos hacer con nuestros familiares y amigos excarcelados
Cuando una persona es excarcelada tras haber estado detenida en Venezuela, lo primero no es interrogarla ni exigirle un testimonio inmediato. En muchos casos hay shock, miedo, desorientación, culpa o silencio defensivo. La tarea inicial de familiares y personas cercanas es garantizar seguridad, descanso y contención, asegurarse de que la persona esté a salvo, que tenga un lugar estable para dormir, acceso a comida, agua, medicinas y atención médica u odontológica básica. Sin estas condiciones mínimas, cualquier intento de documentación puede ser revictimizante.
Por lo tanto también hay que evitar aproximaciones no respetuosas de vecinos, allegados a la familia o periodistas que no mantengan protocolos claros de protección y derechos humanos, porque también puede haber daño en una acción hecha con buena voluntad, pero sin criterios.
En una segunda fase, cuando la persona empieza a estabilizarse, familiares, amigos y defensores de confianza pueden ayudar a documentar sin presionar. Esto incluye anotar fechas aproximadas, lugares de detención conocidos, traslados, nombres que la persona recuerde espontáneamente, y cualquier detalle que surja en conversaciones cotidianas, sin forzar recuerdos. Es útil llevar un registro privado, cronológico y seguro, incluso si está incompleto. Los silencios, lagunas o contradicciones no son errores: son parte del trauma. Muchas familias desearán poner al día a la persona recién liberada, pero puede ser abrumador así que es mejor dosificar las conversaciones en distintos momentos.
Cuando la persona no puede hablar o se bloquea, el entorno puede documentar las cosas que son observables: Cambios físicos visibles, pérdida de peso, heridas, problemas para dormir, sobresaltos, miedo a ruidos en el exterior, rechazo a uniformes o autoridades, aislamiento, llanto frecuente o conductas de hipervigilancia... todas estas cosas serán datos relevantes. No requieren interpretación psicológica, solo descripción. Estos registros pueden ser tan importantes como un relato verbal de los liberados.
En relación con los responsables, con los perpetradores, no corresponde que los familiares investiguen ni confronten. Su tarea es preservar la información de todo lo que la víctima recuerde, incluso fragmentos: apodos, rangos, acentos, lugares, rutinas, horarios, frases repetidas por los custodios o interrogadores. También es importante anotar si hubo fiscales, jueces o defensores públicos presentes, si se firmaron documentos bajo coacción o si hubo amenazas explícitas. Todo relato debe guardarse con cuidado y sin difusión innecesaria. Son apenas las piezas de un rompecabezas y su protección es más importante que su exposición pública.
Respecto a las condiciones de detención, los familiares, defensores y personas cercanas pueden ayudar reconstruyendo recorridos: por cuáles centros de reclusión pasó la persona, cuánto tiempo permaneció en cada uno, si estuvo incomunicada, si compartió celda con alguien más, si vio o escuchó torturas, muertes o castigos. Es importante distinguir claramente entre lo vivido directamente y lo escuchado de otros detenidos, sin descartar nada. Incluso los rumores forman parte del clima de terror y pueden orientar investigaciones futuras.
En cuanto al impacto físico, los familiares pueden acompañar a la persona a evaluaciones médicas u odontológicas y ayudar a conservar informes, recetas, diagnósticos, fotografías de lesiones o secuelas visibles. Si la persona se niega a ir al médico, puede anotarse esa negativa y sus razones, ya que el miedo a represalias o la desconfianza en las instituciones también son consecuencias de la detención. En ocasiones toma tiempo lograr que los vea un médico y no siempre una sesión es suficiente. El cuerpo también habla y se manifestará de distintas formas que deben ser cuidadas.
El impacto psicológico requiere especial cuidado. No corresponde que los familiares “hagan terapia” ni exijan fortaleza al liberado. La tarea principal es validar, no minimizar y no apurar los procesos. Frases como “ya pasó”, "debes pasar la página", "hay que tragar algunos sapos" o “tienes que olvidar”, deben evitarse por completo. La mayoría de las familias no cuentan con recursos psicológicos para atender a sus liberados, así que toca tener cuidado de no causar más daño o trauma con malas recomendaciones que estén basadas en el cariño. Si es posible, se debe facilitar acceso a apoyo psicológico seguro y de confianza. Si no lo es, basta con registrar síntomas persistentes y su duración, sin forzar interpretaciones clínicas.
En el plano económico, los familiares suelen ser quienes mejor pueden documentar las pérdidas de los presos y su gente cercana: trabajos abandonados, ingresos interrumpidos, ventas forzadas de bienes, pagos para sobrevivir, allanamientos, extorsiones, gastos legales y médicos. Llevar un registro simple de estos daños ayuda a dimensionar el impacto real de la persecución sobre el núcleo familiar.
Toda esta información, incluso cuando está incompleta, no debe circular de forma pública ni improvisada. Su valor depende de la seguridad, la verificación progresiva y la custodia adecuada. Puede servir para procesos judiciales nacionales o internacionales, para la Corte Penal Internacional, para sustanciar sanciones individuales, para levantar informes de mecanismos de la ONU y para futuros procesos de justicia en Venezuela que terminen en reparación a las víctimas. Por eso es un trabajo fundamental.
La recomendación final es sencilla: familiares y personas cercanas no son investigadores ni fiscales, pero sí pueden ser guardianes de la memoria y las evidencias, actuando con cuidado, respeto y paciencia.
Incorporar estas tareas en un protocolo sencillo, humano y seguro permite proteger a las víctimas hoy y sostener la búsqueda de justicia mañana, sin exponerlas ni revictimizarlas.