Odio cuando hablo con mi acento chileno y me dicen que no se me entiende nada, algunos hablan como si tuvieran un pico en el hocico y nadie les dice nada.
En mi corazón aún yace la espina de los recuerdos que me destruyeron; sin embargo, no me permito dejarla sola en su peor momento. Creo que en esa lealtad se define la inmensidad de mi amor.
Todo lo que descubrí es decepcionante, aunque no me sorprende; era de esperarse. Es increíble cuánta maldad tenías guardada. Un hogar de verdad no se cambia por un gusto pasajero y esa lección te va a costar toda la vida. Sin nada más que decir, me retiro.