đŽâĄ UN NIĂO. UN TIRO EN LA CABEZA. UNA SEDE DE LA ONU.
Israel no âse equivocĂłâ. VolviĂł a disparar contra un niño dentro de un recinto de Naciones Unidas. El cuerpo pequeño cae; la familia queda destrozada; un futuro se apaga antes de nacer. En mil dĂas han matado a mĂĄs de 21.500 niñas y niños palestinos. La cifra sigue subiendo.
No es âdaño colateralâ. Es la aniquilaciĂłn deliberada de la infancia como proyecto de pueblo. Una bala en la cabeza no es accidente: es la decisiĂłn de que ese cuerpo no crezca, no cante, no herede tierra ni memoria. Mientras el mundo discute âamenazas a la vidaâ, lo que estĂĄ ocurriendo es mĂĄs simple y mĂĄs monstruoso: se estĂĄ ejecutando a la niñez.
Esto no es guerra. Es la destrucciĂłn del porvenir. NO PERDĂN. JAMĂS.
El momento en el que un colono sionista apaleĂł hoy a un anciano discapacitado palestino en muletas, durante un pogromo contra la zona de Masafer Yatta, en Cisjordania, para robarle las tierras.
El anciano perdiĂł una pierna tras ser baleado por colonos hace un año y medio, aĂșn asĂ siguen atacĂĄndolo con una pierna menos, esto es el sionismo.