UNA OPORTUNIDAD PARA HACERNOS PREGUNTAS DIFÍCILES
Cada vez hay menos nacimientos de niños con Síndrome de Down (SDD). En Alemania, Islandia, Suecia y Noruega, los nacimientos de niños con SDD son estadísticamente casi cero. En España, por ejemplo, el 83 % de las mujeres que obtienen resultados positivos en los test genéticos que identifican SDD deciden no continuar su embarazo. No hay datos fiables de Argentina.
Muchas personas, seguramente muchos de los que están leyendo esto, creen que es una buena noticia que nazcan menos niños con Síndrome de Down, pero eso no significa que haya disminuido la frecuencia del síndrome. Al contrario, estadísticamente la frecuencia tiende a aumentar junto al envejecimiento promedio de las madres: mientras en una madre de 25 años de edad el riesgo de SDD es de 1 cada 1.300 nacimientos, en las mayores de 35 es 1 cada 365 y en las mayores de 45 años es 1 cada 30. Al aumentar la edad promedio de las madres, como en la Ciudad, la tasa de embarazos con SDD aumenta. Entonces, no hay menos embarazos con SDD.
La situación es una gran oportunidad para hacernos preguntas difíciles. Si creemos que solo los niños sanos o sin una condición genética o física tienen derecho a vivir, a medida que los diagnósticos predictivos mejoren e identifiquen con más precisión condiciones, discapacidades o enfermedades, una larga lista de bebés dejará de nacer. Entonces, ¿no nacerán más los niños que vayan a ser ciegos, los que tendrán insuficiencia cardíaca, los que le falte un brazo, los hemofílicos, los que tendrán huesos frágiles o las arterias delgadas u otras dificultades graves? ¿Qué tan graves? ¿Dónde nos detendremos? ¿Qué tan tolerantes seremos con el sufrimiento potencial de nuestros futuros hijos antes de decidir evitárselo prefiriendo que no nazcan? Y cuando ya han nacido y eventualmente adquieran una discapacidad por un accidente o un virus, teniendo en cuenta que el 80% de las discapacidades se adquieren a lo largo de la vida, ¿qué sociedad les espera? ¿Una que los rechaza por completo? No tengo respuestas.
Yo tengo un hijo con Síndrome de Down, Benja. Tiene casi tres años. Su vida es difícil, más que la de otros niños con SDD, y no por su condición sino porque, además, tiene una enfermedad poco frecuente. Benja es nuestra lucha diaria, como también nuestra esperanza, nuestro amor. Benja es nuestra vida y nosotros somos la suya.
En el Día Mundial del Síndrome de Down, quiero saludar con respeto y cariño a todas las personas con SDD, a sus familias y amigos, a sus médicos, ayudantes y maestros. Estoy segura de que todos estamos aprendiendo algo. No sabría decir qué es exactamente lo que aprendemos, pero sé que es algo importante, casi sagrado.
Buenísima la trayectoria humanista de Francisco pero mi momento favorito fue cuando confesó haberse comido un choripancito en viernes santo bajo el pretexto de "acá somos todos pecadores la iglesia de santos yo no la conozco" slay
El otro día dije que las puertas abiertas a la inmigración ilegal de África es para compensar el robo de sus riquezas y me llovió.
Bien, pues aquí mi querida Georgia Meloni te lo explica bien.
Escucha y reflexiona.